Heredero del Golem (15)

    Aunque USE le desveló su detención, Xiaobo no supuso que fuera inminente. Pensó que le citarían en una tetería, lugar dónde convocaban a los sospechosos a los ojos de los servicios secretos y donde solían producirse los arrestos. A la mañana siguiente apareció en su despacho un inspector de Hacienda escoltado por dos policías. Le comunicaron que estaba detenido acusado de fraude fiscal y evasión de capitales en connivencia con otros estafadores internacionales. Abandonó el departamento flanqueado por los policías que transportaban sus ordenadores confiscados mientras escuchaba los murmullos de sus compañeros y alumnos.

    No le condujeron a las dependencias de la Oficina de Seguridad, sino a las de la Autoridad Monetaria de Hong Kong. Xiaobo siempre había supuesto que le interrogarían sobre la seguridad nacional y la amenaza que USE suponía, según ellos, para el país y que le trasladarían a una comisaría o ante algún juez para, a continuación, transferirlo a una prisión. Su desconcierto aumentó cuando, en una sala de las oficinas de la Autoridad Monetaria, le dejaron con dos individuos que se identificaron como pertenecientes al Banco de China. El inspector de Hacienda y los dos policías se esfumaron.

    Le acusaban de alta traición, colaboración con los enemigos de China, ser una marioneta de un complot de un gobierno extranjero, malversación de dinero público y evasión de capitales. Le dijeron que pasaría, en el mejor de los casos, el resto de su vida en prisión si no se prestaba a colaborar.

    Xiaobo no entendía por qué alguien del Banco de China había decidido su detención. Poco a poco percibió que el interés por USE no se reducía sólo a las razones de seguridad esgrimidas hasta entonces.

    —Todas las acusaciones se sobreseerán si obtenemos su cooperación y nos suministra información de las transacciones financieras que se ejecutan en cada momento —le dijeron—. Sabemos que usted y sus cómplices pueden conseguirlo a través del programa que han elaborado y que denominan USE, y que esa información pueden obtenerla instantáneamente. Nos sería muy útil para convertir a nuestro país en la potencia económica dominante. Nos permitiría conocer la situación financiera de los países y de los bancos a los que les prestamos y con los que debemos negociar.

    —¡Ehh… pero no tengo forma de lograr que USE me dé la información! —les respondió—. Aunque crean lo contrario, ni yo ni ninguna de las personas con las que he estado colaborando tienen nada que ver con la aparición de USE. Es el propio sistema el que se ha convertido en autoconsciente. Tienen mis correos con la red, conocen mis conversaciones telefónicas así…, ehh… como las que he tenido con USE. Saben que nunca ninguno de nosotros ha mencionado la creación de un programa que pueda conseguir lo hecho por USE.

    —No me diga que no puede conseguirlo. Su cómplice, USE —pronunció el nombre subrayándolo—, ha ayudado, en algunos casos, a los que se han comunicado con él. Así hemos sabido que, a pesar de todas las leyes que ustedes dicen que no se puede saltar, le avisó de que íbamos a detenerle. Además, hemos averiguado que uno de los miembros americanos de la red, el profesor Moore, es un agente de la Agencia Nacional de Seguridad Americana, la NSA. Ello corrobora que USE es un programa diseñado por alguien y que no ha surgido espontáneamente, como afirman ustedes. Insistimos en que colabore con nosotros, tanto por su bien como el de sus hermanos y el de Jing. Revélenos el código fuente.

    A Xiaobo se le acumularon las dudas y los miedos, y preguntó:

    —¿Han detenido a Jing? ¿Cómo… ehh… han averiguado que USE me dijo que iba a ser detenido?

    —No la hemos detenido aún… eso depende de usted. Respecto a cómo hemos averiguado lo que le dijo USE, colocamos un programa especial en su portátil que nos permite acceder a sus comunicaciones mediante la cámara web incorporada a su ordenador y vimos en el reflejo de sus gafas lo que le dijo USE y lo último que le escribió. La situación de sus hermanos y la de Jing dependen de su grado de colaboración.

    —No va a servir… pero estoy… ehh… dispuesto a hacer todo lo que me ordenen.

   —Conocemos el acuerdo entre todos ustedes. Si no conseguimos que nos dé la información que queremos, no se volverá a poner nunca más delante de un teclado de un ordenador. Y eso tras pasar muchos años en prisión. En su mano y en la de sus cómplices está el que logremos una información que nos satisfaga. Lo mismo les pasará, si no nos ayuda, a su familia y a su amiga.

    Xiaobo entendió que aquella detención representaba su fin en el mundo de los ordenadores. Sabía que no iban a conseguir nada de USE. Años más tarde recordaría aquel tiempo interminable, aislado en aquella habitación sin ventilación cuya única iluminación procedía de una bombilla encendida las veinticuatro horas del día, rodeado de cuatro paredes blancas, con un colchón en una esquina, una silla, una mesa, un váter y un ordenador. Rememoraba sus días adherido a la pantalla, tratando de obtener alguna señal de USE. Nunca respondió en los quince meses que estuvo retenido. Como secuela le quedaron las parestesias en sus nalgas debido a las llagas que padeció.

    Cuando no estaba delante del ordenador le obligaban a elaborar largos informes sobre sus actividades, preferencias, gustos, sus conexiones con otros investigadores extranjeros… Informes que debía repetir multitud de veces. Empezaban con el relato de su infancia, su relación con sus padres y hermanos, seguían con su formación académica y acababan con la descripción de sus últimos meses, su relación con USE, con Jing… Calculaba que había rellenado unas nueve mil hojas con una caligrafía china diminuta. No paró de escribirlos hasta que se dio cuenta de lo que pretendían: que se arrepintiese de su pecado, pecado que no lograba adivinar en qué consistía. La tortura acabó al confesar que era un agente de una confabulación internacional contra China y que había utilizado a Jing para ocultar su homosexualidad, a la que había querido convertir en su tongqi, que es como denominaban a las mujeres casadas con homosexuales. Al final de aquellos quince meses su piel se había adherido a unos prominentes huesos, lo que facilitó la aparición de las llagas. Su declaración final fue grabada en vídeo. Supuso que la emitirían en los noticieros por el Ministerio de la Verdad o zhenli bu, denominado así en los círculos de la disidencia por semejanza con la novela de Orwell, 1984, para unos fines que él no entendía, o quizás la publicarían en el Diario del Pueblo. A los siete meses fue trasladado a un centro de reeducación por el trabajo, Laogai, en la provincia de Fujian, en donde permaneció dos años y en donde cada mañana después de levantarse recitaba ante uno de los vigilantes el viejo himno:

*El Partido, mi querida madre.
Ondea la bandera roja de cinco estrellas.
Bandera roja de cinco estrellas,
eres más importante que mi propia vida.

    Durante esos dos años colaboró en la fabricación de componentes informáticos que después eran vendidos a compañías occidentales. Lo peor fueron las escasas comidas, los ásperos despertares a media noche para hacerles recitar en el patio a todos los internos los antiguos himnos y los maltratos sin motivo aparente por parte de los vigilantes. Después de la abolición de los campos de trabajo fue trasladado a una prisión donde completó los once años de condena por traición. Allí, aunque siguió recitando el mismo himno todas las mañanas, su situación mejoró. Fue destinado por sus conocimientos informáticos a la sección que dentro de la prisión se encargaba de la piratería cibernética sobre Taiwán a la que se dedicaba el Tercer Departamento. Por esa labor recibía unos pocos yuanes que utilizaba para pagarse su ropa y su comida dentro de la prisión. Fue liberado tras ser sometido al xi nao, lavado de cerebro, según los viejos métodos de la reeducación ideológica maoísta.

*La canción puede reproducirse en https://www.youtube.com/watch?v=Yn6kClKGSyc

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