NATHALIE SARRAUTE, por Concha Vallejo

Desde niña me ha gustado leer y siempre he tenido libros a la cabecera de mi cama, pero en mi vida ha habido dos etapas durante las cuales he podido dedicar más tiempo a esta afición que tanto me satisface: ahora que estoy jubilada y los años que pasé en los alrededores de París con una excedencia, ejerciendo de señora de y madre de familia. En aquel periodo descubrí las bibliotecas públicas, en concreto la del pueblo de 12.000 habitantes en que vivía y en donde pude acercarme a los grandes y menos grandes autores de la literatura francesa, como en el caso de la escritora que hoy os quiero presentar,  una autora que al igual que mi anterior reseñado, Sherwood Anderson, en la literatura de Estados Unidos, imprimió un giro a la literatura francesa de los años cuarenta: Nathalie Sarraute, escritora, novelista, dramaturga, poeta y abogada, que inauguró el movimiento francés conocido como Nouveau Roman, en el que militaban autores tan importantes como Michel Butor, o Claude Simon, Premio Nobel de Literatura 1985. Una característica común a todos ellos es el cuestionamiento de la novela tradicional decimonónica al modo deBalzac con personajes, trama, inicio, desarrollo y desenlace, y la adopción de una forma novedosa de narrar, que después cada uno desarrollaría a su manera. Todos se sienten muy cercanos a la literatura introspectiva de Sthendal o Flaubert y exploran los flujos de conciencia. Tienen una clara influencia de autores franceses como Sartre, Camus o Proust y extranjeros como Virginia Wolf o Kafka.

Curioseando en los estantes de la bibliotecaria, me topé con un librito, Tropismes, que quizás me llamó la atención por su nombre. Se trataba de la primera obra de Nathalie Sarraute, publicada en 1939, que, a pesar de la lógica evolución en su escritura, iba a impregnar toda su obra posterior. La propia autora nos dice que su literatura no es comprometida, que en ella “me he ocupado de mis tropismos. Todo está ahí, en ese movimiento interior”. La Sarraute toma el término del vocabulario científico y lo define como esos movimientos interiores, apenas voluntarios, donde se originan los comportamientos. Bajo los tópicos y los aparentes artificios, la escritora supo detectar lo que no se dice y el mundo furtivo, atemorizado y tembloroso de lo que subyace en una conversación.

Leí Tropismes y mi primera impresión fue de asombro: no me encontré con una novela al uso, sino con una serie de textos que no eran ni poesía en prosa, ni prosa poética, aunque ciertamente estaban traspasados por la poesía, con un estilo nuevo de sorprendente fuerza, precisión e intensidad. A mi parecer todo un hallazgo. Seguí leyendo a Nathalie a medida que iba publicando y a continuación os resumo mis impresiones, y vaya por delante que se trata de una escritura nada fácil.

Solo os voy a recomendar dos de sus obras: Tropismos e Infancia. Además de sorprenderme, Tropismos,  me entusiasmó. Soy una enamorada de las palabras y ahí estaban ellas esperándome. Nathalie, malabarista del lenguaje,  las lanza al aire y ellas revolotean una al lado de la otra para luego caer y unirse en múltiples e inusuales combinaciones. ¡Cuánta belleza! En esta obra la Sarraute borra las fronteras entre prosa y poesía, multiplica los adjetivos, recurre al exceso del lenguaje y acorrala una idea con giros verbales, adjetivos, verbos, sustantivos o figuras retóricas, de modo que resulta imposible que aquella se escabulla. En cuanto al contenido, los 24 textos que componen este libro expresan estados psicológicos furtivos, cuyo nacimiento la autora investiga antes de que estos pasen por el tamiz de los términos sociológicos e ideológicos. Su prosa está permeada por la confusión entre lo que se dice y lo que se calla, lo que siendo pensamiento escapa al lenguaje. A pesar de que los relatos son cortos, yo os diría que no leáis varios seguidos para poder saborear cumplidamente el gozo estético que encierra cada uno; hasta lo bello puede llegar a cansarnos. En cuanto a las novelas, enteramente construidas con tropismos, solamente recomiendo su lectura a los muy entusiastas o muy curiosos de la literatura, porque, aunque muy interesantes, exigen esfuerzo y dedicación. Infancia es una autobiografía parcial de los primeros años de vida de Nathalie escrita en forma de diálogo entre ella y su otro yo, quizás un guiño a Freud. Es una historia de fácil acceso en comparación con otros escritos de Nathalie y la única obra suya que llegó a ser un best seller. Las setenta secuencias que lo componen tienen en común ser recuerdos y/o sensaciones. Sarraute parte de lo muy pequeño, un olor a hierba, una palabra y nos narra sus recuerdos. En estas secuencias encontré numerosos momentos mágicos que me invitaban a soñar. Y soñé.

Biografía

Nathalie Sarraute, de nacimiento Natacha Tcherniak, nació en Rusia en el seno de una familia de intelectuales judíos. Su infancia transcurre entre Rusia y Francia y tras la separación de sus padres se traslada definitivamente a Paris. Se licenció en Lengua inglesa y en Derecho. Se casó con un abogado que, como ella, amaba el arte y la literatura y ejerció la abogacía en París hasta 1940, aunque dedicándose cada vez más a la escritura. Tras muchas dificultades consiguió publicar Tropismes, en 1939. Hasta el advenimiento del social nacionalismo Nathalie no se enteró de que era judía, porque en su familia agnóstica de judíos socialistas rusos revolucionarios no se hablaba ni de religión ni de raza. Su primera visita a una sinagoga fue en 1966. Pasó la guerra con sus hijos en una granja para niños cerca de París, mientras su marido resistía. En 1944 regresó a su elegante piso de París gracias a la complicidad del portero. Durante la II Guerra Mundial escribió Retrato de un desconocido (1948) y más tarde El señor Martereau (1953) y El Planetario (1959). En 1956 publicó L´Ere du soupçon, un ensayo en el que formula su crítica de la literatura convencional, decreta la muerte del personaje y de la intriga en la ficción y expone su pensamiento literario. El libro se convertiría en algo así como en el manifiesto del controvertido nouveau roman. Años después se editaron Les fruits d’or (1964), Entre la vida y la muerte (1968), ¿Los oye usted? (1972) y Dicen los imbéciles (1976). Heredera de Dostoievski, Proust, Joyce y Virginia Woolf, escribió también ensayos sobre Paul Valéry y Gustave Flaubert. Al comienzo, los textos de Sarraute fueron ignorados por la crítica y las editoriales. Su libro Retrato de un desconocido fue rechazado inicialmente por Gallimard a pesar de tener un prólogo muy elogioso de Jean-Paul Sartre. La publicación de Infancia (1983), una original biografía dialogada expresada en tropismos, amplió el círculo de sus lectores y en la actualidad, las obras de Sarraute han sido traducidas a treinta lenguas y se ha vendido más de un millón de ejemplares de sus ensayos, novelas y piezas teatrales. También escribió guiones radiofónicos, a veces llevados a escena. Sus últimas obras son Tú no te quieres (1989); Aquí (1995) y Abra (1997). La Sarraute, eterna disidente y marginal, fue una autora meticulosa que acostumbraba a escribir en un café durante unas tres horas cada mañana y que con frecuencia elaboraba más de 50 versiones de un mismo texto, lo que no era un obstáculo para que ella disfrutara su escritura. Viajó mucho y su vida fue tranquila. Es Doctora Honoris Causa de numerosas universidades y  ha recibido premios literarios tan importantes como el Premio Internacional de Literatura (1964), el Grand Aigle d´Or (1981) o el Grand Prix National des Lettres (1982). Falleció en París el 19 de noviembre de 1999, a los 99 años de edad.

Obras

Tropismes, Denoél, 1939. (Tropismos, Tusquets, 1969). Esta breve obra consta de 24 textos que Nathalie comenzó a escribir en 1932. Los tropismos son esos movimientos apenas voluntarios y subterráneos donde se originan los comportamientos, las sensaciones y los actos. Son esas vibraciones imperceptibles, esas impresiones innombrables que modifican las relaciones entre los seres humanos y se reflejan en sus reacciones más cotidianas, en sus gestos más corrientes. Su manuscrito rodó de editorial en editorial y todas lo devolvieron hasta que Robert Denoél, se decidió a publicarlo. Aunque muy elogiado y calificado como obra maestra por Jean Genet, Marguerite Duras y Jean-Paul Sartre, en el momento de su publicación fue todo un fracaso.

Novelas

Portrait d´un inconnu, Gallimard, 1948. (Retrato de un hombre desconocido, ediciones Sur, 1965). Quien cuenta la historia descubre un mundo invisible bajo la apariencia convencional de un viejo avaro y de su hija. Es como una visión a través del microscopio, pero lo que encuentra es tan complejo que acaba por renunciar y volver a la apariencia. Jean Paul Sartre, uno de los lectores más entusiastas de esta novela, argumenta en su prólogo que en realidad es una “anti novela”.

Martereau, Gallimard, 1953. (El señor Martereau,Planeta,1973). El joven narrador analiza en profundidad los comportamientos de un mundo restringido, en concreto de un íntimo amigo de su tío que bajo una conducta afable esconde turbios secretos. En esta novela, la huella de Proust es innegable. 

Le Planetarium, Folio, 1959. (El planetario, Alfaguara, 1985) ¿Qué es un planetario? Son falsos astros que imitan el cielo visto desde la Tierra, pero es algo cerrado y artificial, un universo engañoso, una copia del mundo verdadero. En la novela un joven escritor desea pasar a ser propietario del espacioso apartamento de su tía. Sarraute cuenta la historia desde diferentes puntos de vista, investigando las emociones y los pensamientos internos ocultos bajo la superficie. Se percibe la influencia de Virginia Wolf y Gertrud Stein.

Les fruits d´Or, Gallimard, 1963. (Las  frutas de Oro, Seix Barral, 1965). Esta novela no tiene ni personajes, ni historia, su  protagonista es la novela misma Les fruits d´Or y trata sobre las reacciones y la acogida que esta recibe de los lectores. Al recrear estos movimientos, a veces llevándolos hasta la sátira, toca aspectos esenciales del fenómeno estético. Fue galardonada con el Premio internacional de Literatura Formentor 1964.

Vous les entendez, Folio,1972. La escritura refleja con sutileza y minuciosidad los sentimientos de soledad, nostalgia y ansiedad.

Disent les imbéciles, Folio, 1978.Las palabras esconden la realidad más que la descubren. Así, una conversación de domingo en familia se convierte en un asfixiante inventario de defectos.

Enfance, Gallimard, 1983. (Infancia, Alfaguara, 1984). Se trata de una autobiografía parcial dialogada, una historia de los primeros años de Nathalie, en la que muestra las imágenes, las anécdotas, las sensaciones que le vienen a la mente al evocar ese período. La autora niega que sea un retrato, porque un retrato siempre es falso. Nos dice que el retrato “se construye alrededor de una apariencia, en él se resume la vida a pesar de que esta es inmensa, compleja”. Algunos pasajes son verdaderas escenas teatrales, por lo que no es de extrañar que el libro fuera adaptado para el teatro.

Ici, Gallimard,1995, su última novela: La autora explora una serie de problemas existenciales relacionados con la falta de forma de la realidad tanto individual como social. Fue uno de los libros más elogiados de Sarraute. Los tres textos cortos con que empieza el libro hacen que el lector caiga en una especie de hechizo poético.

Teatro y guiones radiofónicos

Escribe numerosas obras de teatro (Entre la vie et la mort, 1968; Isma, ou cést qui s’appelle rien. 1970; C´est beau 1975; Pour un oui ou pour un no, 1981), así como guiones radiofónicos que a veces también son llevados a escena. Natalie afirma que el teatro que ella escribe trata de lo que le apasiona, de lo que le interesa y que nunca ha formulado teorías acerca de lo que debe ser. El personaje, como tal, no existe, es un mero portador de movimiento: lo que cuenta son sus movimientos interiores, los tropismos. Para ella el sexo del personaje es totalmente arbitrario, porque se trata de cosas que afectan a todo el mundo. Únicamente cuando escribe para la radio pone una «H» o una «M», porque es necesario distinguir las voces.

Ensayo

L´Êre du soupçon, 1956. (La era de la sospecha, 1963). Una serie de ensayos sobre la novela que la acercan a los escritores del nouveau roman. La autora no acepta que sus libros carezcan de historia. Es más, la condición misma de la novela es que haya una historia; simplemente, la que ella escribe es de otro tipo. Tiene «un movimiento interior, una acción que se desarrolla, un tema. Es algo cerrado en sí mismo, que crece y termina».

L´Usage de la parole, 1980. Bajo los tópicos y los artificios, la Sarraute sabe detectar lo que no se dice en una conversación.

Concha Vallejo


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