AQUÍ Y AHORA, Autor: Manuel Cardeñas Aguirre

Hay veces que sabes dónde tienes que ir y otras en las que la única certeza que tienes es que debes marcharte cuanto antes, aunque no sepas dónde.

No hay planeta habitable más allá de la palabra.

Al menos durante el tiempo que has de usarla para nombrarlo, ese tiempo que podríamos llamar como el de

LAS HORAS QUE LE FALTAN AL DÍA.

 

En escritura, todo pasa por el lenguaje, es su origen y es su límite.

Dialogar, narrar, relatar, describir, divagar, expresar, todos son verbos de la palabra, infinitivos del escribir. También es cierto que no están contemplados digresionar, flujoconcienciar, patafisiquear o perogrullear.

Coincidamos en la obviedad:

NO HAY SISTEMA PERFECTO.

Comparto

Una regla no escrita: Para crear un concepto que no existe es preciso unir dos sustantivos, el encuentro entre ambos, por inaudito y chocante, facilita la expresión de aquello que, sin nombre hasta el momento, asalta la imaginación del escritor con la intención de que lo saque a la luz dándole vida: el paraguas noche, la sonrisa sueño, el cielo madeja, la brújula bisturí, el mar maleta, la

IMAGINACIÓN CALEIDOSCOPIO.

 

En la red se navega, todo existe y todo se pierde a la vez; En la red, concreción y relatividad se han dado la mano; En la red, respiramos y nos ahogamos; En la red vivimos el naufragio colectivo de todos los que pretenden emerger para ser visualizados;

En la red

Se está creando un océano que alimentamos día a día nosotros mismos; Un océano sin faros, sin rutas, solo puntos referenciales a los que dirigirnos y en los cuales descansamos brevemente para después volver a lanzarnos allí donde ahogarse no es un deseo pero, la mayoría de las veces, sí es un resultado;

Un océano donde

Aumenta lo escrito de forma exponencial; Aumentan las posibilidades de copia; Aumentan las probabilidades de no ser nadie pensando justamente lo contrario; Aumenta la angustia a formar parte de lo aumentado tal y como si fueras otra gota más que conforma, a su vez, otro

MAR DE MARES.

 

¿Apartarse?

¿Abandonarse?

¿Esconderse?

La fatalidad se llama repetirse en las preguntas sin encontrar capacidad para la respuesta;

La fatalidad se llama encerrarse vivo entre los signos que

ABROCHAN PALABRAS.

 

El mar de la imaginación es playa continua, se bañan las mareas en la arena, se pintan los ojos de las olas como reflejos sobre las aguas, peces boqueando luces y brillos,

Es el deseo puntiagudo de las rocas que sueñan espuma y algas,

Es mi particular pérdida en la pregunta, obsesiva, punzante, antigua como una fecha exacta de julio, y es, también, mi particular convencimiento en la poesía, bálsamo y antídoto;

En el mar poema

Se conjugan inevitables el naufragio esperanza, el viento estrella y la pérdida convencimiento, y lo hacen en ese momento exacto en el que los infinitivos del escribir, oceánicos, profundos, se resuelven en escritura

AQUÍ Y AHORA.

 

Manuel Cardeñas Aguirre, 5 de julio de 2018

 

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