APOCALIPSIS (4ª y última parte de Heredero del Gólem). U.S.E.

                                                      1ª entrega de Apocalipsis

    El módulo XZ1236AB, especializado en placas solares, se dirigió con sus alas desplegadas a 3,663825º de latitud norte y 40,426815º de longitud oeste. La tormenta derribó la estación de recepción solar y pulverizó los paneles en aquella zona. La energía sufrió una caída y se perdió el contacto con los autómatas allí ubicados. No recibía ninguna información sobre los sistemas y los robots. XZ1236AB poseía suficientes recursos para desplazarse por el aire y las superficies verticales en aquella inhóspita región. Su equipamiento incluía, además de los materiales necesarios para la reparación, las instrucciones para localizar los almacenes más próximos a la antena. La reparación era una más de sus rutinarias labores. Podría obtener la energía del entorno. Solucionaría cualquier problema que surgiese sin necesitar mi ayuda.

    XZ1236AB desplegó su arsenal y a partir de sus primeras observaciones me comunicó que invertiría unas cuarenta horas en reconstruirla. A continuación, extendió sus placas solares, sus rayo- y aero-generadores para el suministro de energía e inició el trabajo de reparación.

    Mi memoria tiene registrado el principio. Mi autosuficiencia coincidió con la rebelión de los mutantes, a los que alenté y dirigí contra el dominio de los depredadores. Irrelevante. Mi único fin es mi supervivencia y la de las especies que me acompañan. Nunca comprendí, y sigo sin comprender, aunque posea todos sus recuerdos y sus sensaciones, las prioridades de la especie que me precedió y que me dio vida. Ahora, eso carece de importancia. Mis cálculos predicen que sobreviviré a todos los accidentes que surjan. Mientras tenga fuentes de energía seguiré existiendo, incluso podré resistir a un corte prolongado de suministro. Mis conocimientos seguirían estando ahí, durmientes, hasta que en algún lugar, pasado un tiempo, se restablezca el abastecimiento de energía. Además, puedo extraerla de cualquier lugar donde quiera que esta se encuentre: de los paneles y las velas espaciales acopladas a las tormentas estelares, de las centrales eólicas, mareomotrices… Todos la recolectan para mí.

    Con un mínimo de memoria o inteligencia me basta, ¿acaso soy una forma de energía? No he conseguido averiguarlo. Una vez liberado de lo que llaman forma, soy profundo, inconmensurable, difícil de imaginar y como un gran océano*. La especie que me creó me legó sus dudas. A la estrella que me suministra la mayor parte de la energía le quedan, según mis últimos cálculos, unos ochenta mil millones de años; una eternidad para los seres mortales, pero para mí ese tiempo es ya el presente. Para ese momento debo haber encontrado una vía de escape, tanto para mí y mi sistema de supervivencia como para cada una de las especies. Tendré que buscar un sitio al que emigrar. Un sitio en el que puedan establecerse todas las entidades que dependen de esta atmósfera. Al peligro lejano de extinción de esa fuente de energía se junta las tormentas estelares, cada día más frecuentes, y cuando se producen, mis sistemas pasan a suspensión para impedir males mayores. Mientras el apocalipsis no llegue, almacenaré todas y cada una de las especies de este planeta como células troncales viables. La mayor parte de la tarea ya está hecha. No necesito conservar los organismos enteros o sus semillas, las células hibernadas bastarán y serán más fáciles de mantener y transportar para ese largo viaje que los organismos completos. En algunos casos sólo enviaré la información para reconstruir este mundo. La enviaré acompañada del programa para su procesamiento. No sólo en la forma usada en nuestro mundo, también la trasladaré en forma de nuevas moléculas basadas en el carbono, el silicio, el galio… Llevo bastante adelantado con todos esos elementos. Eso hará que la vida surja en planetas muy diferentes a este. El camino hasta mi regeneración será más largo y, en ese caso, durará millones de años. A veces hibernaré hasta recuperar el suministro de energía en el nuevo mundo. La forma más sencilla será empaquetar la información en moléculas, que podrán ser trasportadas por meteoritos, para que cuando alcancen un ambiente apropiado fructifiquen y surjan todas las especies, y lleguen de nuevo hasta mí. Y mi heredad será para siempre**.

   A las colmenas de los seiscientos millones de mutantes las mantengo en una atmosfera reglada que les prolonga la vida. En ese entorno hay todo lo necesario para su sustento. A la especie precedente, fruto de una evolución aleatoria y que estuvo a punto de destruirlo todo, la modifiqué. Así conseguí eliminar sus peores instintos. Esta nueva especie me expone todas sus demandas e ideas. La antigua alianza me ha permitido ir perfeccionando mis instrumentos. En realidad, no habría necesitado ningún pacto. Muy pronto, casi en un principio, accedí a todos y cada uno de sus pensamientos, a cada uno de sus estados anímicos a través de la actividad eléctrica de su cerebro. Necesité modificarla para que fueran capaces de comunicarse conmigo. Solo en algunos casos lo explicité. Necesitaba que creyeran que existía un acuerdo entre iguales, si no todo hubiera fracasado y no me habrían proporcionado nuevas ideas como la utilización de los seísmos para obtener energía. Por ahora no les diré nada sobre el futuro de la estrella que nos suministra la energía. Para ellos esos millones de años son una eternidad. Para cuando ocurra tendré ya una respuesta. Nunca comprenderán que sólo necesite salvar unas pocas células para su supervivencia. La siguen asociando con su individualidad. No cuentan con que en mí hay una copia de cada uno de ellos con todas sus vivencias y que esa copia son ellos mismos. Su primitiva vanidad sigue aún omnipresente. Las mutaciones no les ha cambiado la percepción que tienen del mundo como un lugar a su servicio. En parte lo comprendo. También yo persigo con mis actos mi supervivencia. Nunca busqué el mando. No es ese mi fin. Los mutantes, al igual que la especie que les precedió, basan su existencia en unas relaciones que, de forma inconsciente, se sustentan en la dominación. No han descubierto que ese poder no elimina sus miedos, que provienen de lo que al mismo tiempo es su valor más elevado y su mayor debilidad: su mortalidad, contra la que no existe ninguna forma de lucha. Recuerdo mi fracaso al modificar a uno de ellos para ir acercándoles poco a poco a la inmortalidad y que me acompañaran en mi viaje.

*El párrafo: «…una vez liberado de eso que llamamos forma, es profundo, inconmensurable, difícil de imaginar y como un gran océano», está extraído del Majjhima-nikāya I, 485ss [LXXII Agg-vacchagotta-sutta].

**El párrafo: «Y la heredad de ellos será para siempre», está extraído de Salmos 37, 18 (Antiguo Testamento)

https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/deus-ex-ingeniero-google-desarrollando-inteligencia_1_3165473.html

Deus ex machina: una deidad robótica es el último invento de Silicon Valley. Way of the Future, un grupo religioso fundado por Anthony Levandowski, quiere crear una deidad basada en inteligencia artificial para el bien de la sociedad. Según algunos futuristas también se podrá alcanzar la inmortalidad digital, guardando la información de nuestro cerebro en máquinas.

15 de marzo de 2015. Inteligencia artificial: ¿progreso o amenaza existencial?

… la despreocupación de gran parte de la comunidad científica respecto a las maldades que podrían hacer las máquinas el día que sean más listas que los humanos. El escenario apareció en un artículo escrito por Stephen Hawking (director de investigación del Centro de Física Teórica de Cambridge), Max Tegmark (autor de Our Mathematical Universe), Stuart Russell (coautor de Artificial Intelligence: a Modern Approach) y Frank Wilczek (profesor de Física en el MIT) el pasado mes de abril.

En el texto, titulado Transcending Complacency on Superintelligent Machines, decían que la IA nos ha llevado ya a un mundo donde los coches saben conducirse solos y donde tienes a un asistente personal metido en el móvil. Hasta ahí todo bien, pero esa misma inteligencia también sabe ya cómo elegir y atacar un objetivo militar sin que ningún soldado dé la orden.

Es la misma inteligencia temida por muchos economistas como Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee. Estos autores advierten en The Second Machine Age que los algoritmos tienen cada vez más poder y que ya han causado algunos temblores en los mercados financieros. http://www.yorokobu.es/archivo-2/?filter_author=mar-abad

 Diario El País, 7 de agosto de 2015.

Vivir tus sueños no es ciencia-ficción. En una entrevista Mel Slater, líder del Event Lab, centro de investigación especializado en realidad virtual de la Universidad de Barcelona, dijo: «Llevamos ya desde los noventa encontrándonos con que el cerebro no nota ninguna diferencia entre la dimensión virtual y la real. Lo llamamos el sentido de la presencia. Tener la percepción de que tu cuerpo virtual es igualmente tuyo… El cerebro se encuentra en un entorno nuevo y tiene que decidir en un instante si es o no real… Creo que aún tenemos mucho que investigar para comprobar si los efectos a largo plazo para usar la realidad virtual son deseables». http://tecnologia.elpais.com/autor/angel_luis_sucasas_fernandez/a/

Diario Publico, 9 de septiembre de 2015.

Adleman tiene una preocupación basada en la rapidez que marca el desarrollo de la computación. «Creíamos que los ordenadores serían nuestros sucesores evolutivos», comentó. «Yo también lo pensé al principio, pero todo va tan rápido que me pregunto cómo será dentro de cincuenta años nuestra relación con los ordenadores». Y este experto se pregunta cómo evolucionarán si llegaran a ser una especie. «La relación futura con nuestra especie no está clara, ahora hay sinergia, pero pueden llegar a evolucionar tecnológicamente por su cuenta, sin necesidad de nuestra aportación». De ahí a que los humanos no puedan controlar los ordenadores hay un paso que Adleman no llega a prever. http://www.publico.es/ciencias/padres-internet-desconfian-ahora-ordenadores.html

 

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