El mío también sonríe, Autora: Ana Melgosa

-Hola.

-Hola -responde una voz desconocida para mí.

-¿Quién eres?

-No me conoces, he marcado tu número al azar.

-¡Ah! -respondo sorprendida y curiosa.

-¿Te molesta?

-Depende.

-Necesitaba hablar con un desconocido.

-Pues tú dirás.

-Tengo un sueño que se repite desde hace tiempo y no se lo puedo contar a nadie que me conozca.

-¿Un sueño?

-Sí. ¿Puedo contártelo a ti?

-Claro, si eso te va a ayudar.

-Gracias, he llamado a treinta y dos números antes y todo el mundo ha colgado el teléfono. ¿Por qué tú no?

-No lo sé, supongo que no me molesta escuchar a los demás.

-¿Siempre has sido así?

-Sí. Pero tú me has llamado para contarme tu sueño, ¿no?

-Tienes una voz muy bonita y una manera de expresarte acogedora.

-Gracias.

A estas alturas de la conversación me encuentro pegada a mi móvil sin poder ni tan siquiera seguir caminando. Me siento en un bordillo y enciendo un cigarro.

-La navidad no me gusta nada, es cuando el sueño se repite un día tras otro.

-¿Qué es lo que ocurre en el sueño?

-Escucho una voz que dice una y otra vez “nunca te rindas, sigue luchando”. Y después veo una especie de dragón enfadado que mueve bruscamente su cabeza. Me quedo inmóvil frente a él, con miedo, se gira hacia a mí y echa fuego por su boca. Comienza a batir sus alas y golpear el suelo con la cola y en el instante en el que empieza a alzar el vuelo, me mira y me sonríe. Lo veo alejarse y siento cómo mi corazón late apresuradamente.

-¿Te despiertas en ese momento?

-Sí, pero no puedo moverme. El corazón parece salirse.

-¿Sientes miedo?

Hace frío y se me están quedando las manos heladas, una por el teléfono y la otra por el cigarro. Pienso que estas cosas solo me pueden pasar a mí. Al principio de la conversación estaba convencida de que aquello era una tomadura de pelo, llegados a este punto sabía que no era así.

-Siento vértigo.

-Pero el dragón al final te sonríe.

-Lo sé, por eso mismo.

-No lo entiendo, deberías entonces pensar que es algo bueno. Quizá el alma de algún ser querido que te dice que sigas adelante.

-Eso quiero pensar, pero al mismo tiempo me asusta. Quizá no merezca ser feliz.

-No digas eso, todos lo merecemos.

Se produce un silencio.

-¿Sigues ahí? -pregunto.

-Sí

-Estás llorando.

-Sí

-¿Por qué?

-No lo sé, no puedo controlar las lágrimas, salen de mi alma.

-Esas son las más bonitas.

-Tú estás sonriendo ahora.

-Cierto.

-Sonríes con el alma, eres especial.

-Gracias. Todos lo somos de alguna manera.

-Yo no, no como me gustaría poder serlo.

-No digas eso, lo somos gracias a las personas que están cerca de nosotros. Al amor que somos capaces de dar sin pedir nada a cambio y que siempre regresa. Somos especiales cuando luchamos por un sueño y lloramos ante un vértigo. Demostrando valentía, levantándonos una y otra vez ante las adversidades. Somos especiales superando un reto, sabiendo mirar y no solo ver. Todos lo somos en mayor o menor medida.

-Tú lo eres por todo eso y por tu sonrisa.

-Creo que tú también.

-Pero ahora no puedo sonreír.

-Claro que puedes. ¿Me haces un favor?

-Por supuesto.

-Cierra los ojos, piensa en el dragón.

-Ya

-Respira hondo.

-Ya

-Muy despacio vuelve a abrir los ojos.

-Lo hago.

-Y ahora, sonríeme. A mí, soy tu dragón. Nunca olvides esta conversación. Nunca dejes de soñar, ni de luchar por lo que te hace feliz a pesar de los vértigos. Nunca dejes de llorar con el alma, jamás te rindas. Sonríe.

La pantalla de mi teléfono se apaga en ese instante después de haber escuchado varios bip segundos antes. Comienza a llover.

Ana Melgosa


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