¡LA MUERTE OS SIENTA TAN BIEN! Resumen tertulia literaria

Ya lo sé: es el título de una película (aunque, como siempre, el título en inglés no tiene nada que ver: Death Becomes Her), pero también es la idea que me transmite la novela de Tatiana Ţîbuleac, El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes. A los muertos los embellecemos una vez que ya no nos incordian.

“Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea”. Así se inicia la novela. “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes no terminó jamás”. Así termina la novela. Entre ambas frases transcurren los recuerdos de Aleksy.

Esta es la última novela que hemos comentado en la tertulia de Yukali. A mí me han señalado, los que mal me quieren, para levantar acta de lo que en ella se dijo y, como no deseo reventar la historia para los que no la hayan leído, no revelaré (o intentaré no hacerlo) los cauces por los que discurre, aunque en función de los comentarios os podáis hacer una idea.

              Entre estos (no literales) los que me vienen a la memoria:

  «Se parece al “Guardián entre el centeno”, aunque menos completa».

  «Previsible, la historia se desarrolla según lo presagias. Aquí debo añadir que uno de los que lo dijo confesó que la abandonó».

  «Apuesta arriesgada para ser una primera novela y ese es su valor».

  «En muchos pasajes nos quedamos con las ganas de saber más sobre lo que ha ocurrido».

  «Algunos personajes son fantasmas a los que no concede cuerpo».

  «Lírica y poética, aunque, quizás, excesiva y difícil de comprender en algunas metáforas (sentir mayoritario)», y en función de esa lírica hubo algunos a los que les deslumbró. Como ejemplo de esa poesía (vosotros juzgaréis si buena, mala, incompresible o excesiva):

El día empezó a coagularse

Su sonrisa de tallos rotos

El verde escurrido de sus ojos

Su blanco de nimbo herido

  Se hizo referencia a la anterior lectura El Gran cuaderno. En las dos se utilizan capítulos cortos que cambian la perspectiva y que es, quizás, de lo mejor de la novela (como también ocurría en El Gran cuaderno). En algunos de los más cortos utiliza el color de los ojos de su madre como argumento y metáfora que le sirve para mostrarnos sus cambios y los de la madre.

  A pesar de lo anterior era sentir mayoritario (excepto los que la consideraban previsible) que sumergirse en el mundo de Aleksy había merecido la pena.

  Una segunda lectura hace que la valoración cambie.

  Pero quizás lo que resulte más definitorio de la tertulia es que de las dos horas y media que estuvimos reunidos sólo dedicamos una hora a la novela: creo que dice bastante sobre ella. El resto del tiempo volvió a ser una exposición de ideas de cómo los siete que allí estábamos vemos la literatura y la escritura. Preguntas ya oídas otras veces ¿Para quién escribimos, para nosotros o para que nos lean? ¿Es eso mismo válido para un diario? ¿Está venciendo el relato corto, tipo frase twitter, a lo más elaborado? Cuando se escribe, ¿debe primar la razón o el corazón? ¿Y en la poesía qué esquema debe primar?…

  Toda la discusión finalizó con los golpes de unas piezas de Lego sobre la mesa.

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