NIÑO TREN, Autora: Ana Sánchez Huéscar

Noche invencible.

Si extinguiesen el cielo

seguirían brillando

sus puntos de luz.

La ciudad agoniza,

le han partido el cuerpo.

Los árboles se balancean

como los mechones lacios

de un náufrago.

En la estación de tren

un padre y su hijo pequeño

se despiden con esferas de tiempo

en las manos, algo libre llora

apoyado en un espacio quieto.

Más allá, se escucha una explosión.

Entre los escombros, la ondulación

casi perversa de un pañuelo rojo

atrae la atención de un gato negro.

El tren arranca.

El niño pequeño impulsa el éxodo

con el movimiento de su chupete.

Luego, los que se quedan

deambulan sin rumbo;

el padre coge un arma,

come poco, a veces duerme.

                       No hay pájaros.

De noche, la nieve cae

sobre los cuadros y las sillas,

llena de frío la cena,

conserva aún las voces;

el tiempo alarga su energía

como la luz que emiten los astros

                            que ya no existen.

Una mujer

entierra a su hijo

un metro bajo tierra

para que los perros callejeros

no puedan encontrarlo.

Los días sobrevuelan los sótanos

donde la vida resiste;

al suelo caen los libros

destruidos por la metralla,

la anciana que cocina no dice

qué carne lleva su guiso.

Un cristal separa los tactos, los recuerdos.

Tres barrotes, cárcel libre, vida detenida

en la punta de los dedos.

Cuando el tren éxodo cruce otro país,

esparcirá a su paso la luz de la ciudad

                                     que ya no existe.

Arriesgarse es morir en lo violáceo.

Pero, ¡cómo sangran flores las palabras!

Los ojos de las amapolas,

el vertido de vino, el grito de la chica

soportando el peso

de cuatro soldados sobre ella.

No hay geranios en las ventanas.

                           No hay ventanas.

Jabones o mermelada.

(En el mercado no queda chocolate

ni en los jardines mariposas).

Al toque de las sirenas

los grupos se dispersan;

estraperlo de aceite y de fresas,

aún venden oro en los suburbios.

El miedo ha tomado

todas las maneras del humo,

irrumpe lento, rodea los cuerpos

                                          y aprieta.  

El futuro es

una dimensión inalcanzable.

Lejos ahora, atravesando campos,

el niño tren traquetea,

no sabe que huye, que siempre

será raíl, vagón y frontera.

Impasible, el paisaje

contempla su paso

de eterno viaje,

de ráfaga sin padre,

de esfera de tiempo,

como los puntos de luz del cielo.

(Fotografía de cabecera, autor: Paul Hansen)


2 Comentarios

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.