DIVERTIMENTO SALVAJE VII (2), Autor: Luis Vinuesa García

Xavier Cercas es un agente doble, de Planeta y Random House. Es él quien ha infiltrado un topo entre los filólogos que estudian los archivos de Bolaño. Mi amigo sospecha del grafólogo nuevo, quien no para de alardear sobre su amistad con Xavier Cercas. El grafólogo, votante de la actual alcaldesa, le resta importancia a que su valedor la llame «pija de izquierdas». Mi amigo desconfía del tipo nuevo con quien ahora trabaja, pues solo los falsos disculpan a los que tiran contra tu propia línea de flotación ideológica.

Somos discretos y nos citamos en un oscuro callejón como rateros clandestinos. Nos hacen buscar historias donde no las hay, me dice mi amigo, pero en fin, pagan, no de forma espléndida pero pagan. ¿Quieres una exclusiva? Pues claro, digo. Pues abre el paraguas, dice, que empieza a llover. No es licencia, realmente empieza a llover y allí en el callejón, mi fuente se me arrima bajo el paraguas y saca un documento del bolsillo, donde descifro una escaleta de Bolaño para desarrollar Leprince –el cuento de Llamadas telefónicas– en una novela. Bolaño había conocido a Leprince en el Stella Maris, un camping de Blanes. Es Henri Simon Leprince un héroe modesto, poeta en apariencia menor que ayudó a muchos literatos a escapar de la Francia ocupada. Estos, luego, se olvidaron de él de forma poco agradecida. He ido a buscarlo, me dice mi fuente, la dirección la he sacado de los archivos de Bolaño. ¿Y qué te ha dicho, el señor Leprince?, pregunto. Ya murió, dice mi amigo, encontré a su hija, que me remitió a otra hija, la hija de la benefactora que lo ayuda como se cuenta en el relato, la entonces joven novelista y que al final no triunfó como escritora. Sin embargo prosperó como agente literaria. No deberás revelar su nombre en esa página en la cual, todavía me pregunto por qué, te dejan colaborar. Son amables, los de Yukali, le digo, pero volvamos al asunto: ¿Te dio la carta, sin más? ¿No te pidió pasta? ¿Te acostaste con ella? Mi amigo responde que no era su tipo (él) y que la mujer, que vive con holgura como pensionista en Montpellier, solo le puso una condición para sacar la carta a la luz: no lucrarse por ella. De modo que aquí la tienes, me dice mi amigo, para tu página, como la vendas te mato. ¡Cómo la voy a vender!, exclamo, somos hombres de palabra, qué digo de palabra, ¡de Letras!… como Xavier Cercas.

Estimado monsieur Leprince:

Me apenó no verlo este último verano en el camping. Roland, su vecino de roulotte, me ha dicho que no se encuentra bien de salud. Espero se mejore y podamos coincidir al año que viene. Seguro que mientras lee estas líneas, está pensando en por qué sigo pasándome por el Stella Maris si ya no trabajo allí. La respuesta es simple, les tengo apego a usted y a otros amigos.

            Me complace decirle que van a publicarme un libro de relatos que titularé Llamadas telefónicas. Como acordamos, sacaré su historia. De momento, si la República Francesa no es capaz de homenajearlo como se merece, yo lo hago así de esta manera. El tiempo apremia tanto para usted como para mí. Habrá de disculparme: su historia se queda en relato en vez de novela. Le enviaré un ejemplar cuando lo publiquen.

            Le reconozco en el cuento su honor y valentía, podría haberse servido de su invisibilidad social para convertirse en perfecto colaboracionista de los alemanes y de este modo escalar en el mundo literario de su época, pongamos que al modo de Giges mediante su anillo mágico; al cerrar el puño y ocultarlo, le confería la invisibilidad, la oportunidad de oro que aprovechó para colarse en los aposentos del rey de Lidia, matarlo y ocupar su puesto. Lo hablé con Walter, nuestro amigo inglés, el de la parcela del fondo, y ambos coincidimos en que Tolkien se inspiró en la historia de Giges para su obra magna. Dicen que ahora van sacarla en películas espectaculares, pero el cine, a usted y mí, monsieur Leprince, creo que nos interesa algo menos que la literatura.

Suyo,

            Roberto Bolaño     

 Pintura de cabecera: La poetisa, Joan Miró


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