EN OCASIONES, OCURRE, Autora: Ana Melgosa

Siempre he sabido que soy un gran contador de historias, nunca pensé que esa cualidad mía fuera a conquistar a Marta en aquella habitación de hospital donde el tiempo se paraba o iba veloz según nosotros decidíamos.

Noches o días, no recuerdo ya. Hora tras hora entre risas, alguna lágrima y miradas cómplices rebosantes de incredulidad. Así nos fuimos conociendo ya que nuestro primer encuentro se había producido hacía tan solo un par de semanas ¿Cómo es posible que esto me haya pasado a mí? Me preguntaba una y otra vez sin querer saber lo que en realidad me importaba la respuesta en aquel momento ya que no tenía muy claro si la pregunta que martilleaba mi cabeza era sobre la enfermedad o más bien pensando en la mujer que tenía delante.


Cuando te dicen que has estado tan cerca de la muerte en más de una ocasión y en tan poco tiempo, aunque tú no hayas sido consciente de ello hasta pasados muchos días, es verdad que la vida cambia. La perspectiva es otra y de pronto tienes la necesidad de hacer cosas que nunca antes te habías tomado en serio. Tres meses en una UCI pandémica dan para mucho. El cons y el sub son uno, no hay línea que los delimite. Querer estar consciente es una pelea que ni tú mismo libras.


Y amar es la necesidad primera después de tantos años. Sentir que eres amado con una generosidad indescriptible. La vida te da golpes y te manda misiones imposibles muchas veces. A estas alturas no tengo claro si la mía ha sido dura, dulce o ninguna de las dos cosas. No soy capaz de saber si he hecho las cosas bien o por el contrario me he equivocado una y otra vez.


Lo que si tengo claro es que después de esta mierda que me ha dejado sin poder tener una visión democrática que llaman, con unas escaras en los pies que no me permiten bailar ni acercarme a la playa. Esta mierda que no deja que me olvide de ella en mis visitas al hospital. Ahora sí que soy consciente de que tengo una nueva oportunidad de vivir y empezar de nuevo. He perdido cosas pero gracias a que las historias y aventuras vividas han permanecido en mi memoria sigo siendo capaz de compartir todo aquello con ella. Tenerla a mi lado, incluso cuando entubado no sabía que estaba, sentir su apoyo, sacrificio y esfuerzo. Su amor. Todo aquello que me ha devuelto esa vida casi perdida entre tubos, sábanas de hospital, vías, desesperación, esperanza y miedo.

Me cuesta a veces respirar cuando vienen a mi cabeza recuerdos de marzo-abril de 2020. Incluso en este momento siento cómo me voy ahogando poco a poco y mis ojos se humedecen. Tanto dolor, impotencia y tanto miedo. Mi esperanza es que poco a poco todos nos vayamos sanando en la medida en que esto haya dejado heridas en nosotros. ¡Ojalá, sepamos seguir hacia adelante sin olvidar para aprender! Que tantas vidas rotas hagan fuertes las de los que seguimos aquí. Que esas nuevas oportunidades de seguir sean el regalo que a todos nos haya hecho la vida. ¡Ojalá!

Ana Melgosa


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