DIVERTIMENTO SALVAJE VII (1), Autor: Luis Vinuesa García

En los archivos de Bolaño se afanan varios filólogos sumidos en el más estricto anonimato. Uno de esos investigadores es colega mío, estudiamos juntos la carrera y todavía conservamos la amistad hasta el punto de salir de bares. No le hacen falta muchas copas a mi amigo para soltarse. Vamos por la cuarta.

En el archivo que llama 3/12, dentro de una carpeta verde, mi colega ha encontrado una nota de Bolaño donde esboza un personaje que, al igual que la Auxilio Lacouture de Amuleto, muy bien podría emanciparse de Los detectives salvajes y protagonizar su propia novela. Bolaño traza las líneas maestras del personaje, descendiente del general Diego Carvajal y la prostituta Rosario Contreras, quienes se acuestan en el capítulo 16 de Los detectives salvajes. El personaje será originado en ese lance. “Y así pasaron las horas, con Rosario y mi general enzarzados en lo que los jóvenes y no tan jóvenes llaman hoy una pisada o un guagüis o un burrito o un palo o un clavo o un parcheo o un pa tus chicles o un pa tus tunas o un te voy a dar pa dentro de tres días, aunque ellos lo que se estaban dando era para el resto de la eternidad.” Al término del lance, el general sufre una emboscada y a Rosario Contreras se la da por muerta, pero logra sobrevivir y con ella el hijo recién fecundado, que nacerá sano y crecerá niño, padre del hombre que se hará en México, un hombre hecho y derecho, de carrera militar en la cual no pretende destacar a pesar de sus excelentes aptitudes, tanto hereditarias como aprendidas. Se retira del ejército a una edad temprana, aprende francés y rudimentos de árabe clásico. Se infiltra en la OAS, desmonta operaciones tanto en Argelia como en Francia; le descubren, se esconde en Egipto de donde salta a Beirut para ponerse al servicio de la OLP. Su fama crece, la KGB y la CIA se lo rifan, los primeros para hacer campaña en Afganistán, los segundos para la guerra Irán-Irak. A inicios de los noventa Bolaño lo localiza en los Balcanes, donde instruye comandos en un bando sin especificar, pero que será el correcto según sus ideales y por los que arriesgará su integridad. Su arrojo durante una escaramuza dejará a boquiabiertos a los Cascos Azules, soldados bisoños ante un mercenario que casi les triplica la edad y se mueve con fría precisión en medio de un circo alucinante de bombas y fuego cruzado. Y aquí acaba la nota. Mi fuente tratará de indagar más, aunque me advierte, tras apurarse la copa, que se juega el trabajo. Supongo que mañana, con el ardor alcohólico sofocado, se volverá más cauto. Quizás dentro de un tiempo encuentre un relato, o una nouvelle, en las profundidades de una carpeta informática. Yo pienso en investigar por mi cuenta. No debo comunicarme con la mujer de Bolaño, porque puede detectar mi fuente y dejarla seca; esto es, sin empleo. Ignacio Echevarría hace tiempo que dejó de ser el consultor de los asuntos literarios de Bolaño. A Herralde no le va interesar, porque ya no publica al chileno. Opto por un escritor cercano a él, pero en su faceta de persona: Vilamatas, como autor firma “Vila-matas”, con el guion. El hombre contesta a mis correos con una cortesía exquisita. Incluso le he dado mi número, el inconveniente para mí es que él solo está disponible al amanecer. Pero hago el esfuerzo y madrugo. Vilamatas me habla desde un sitio con un ruido de fondo marítimo, como si las olas hicieran sus carambolas de espuma. Me lo imagino en un espigón de la Costa Brava. Vilamatas, al igual que yo, le gustaría saber a ciencia cierta el bando por el cual, en los Balcanes, combatirá el personaje inédito de Bolaño. Me sugiere preguntarle a Xavier Cercas, quien sabe mucho de guerras.

Me siento un privilegiado porque Xavier Cercas accede a hablar conmigo por teléfono. Le cuento lo del soldado de fortuna en Yugoslavia. Xavier tiene claro el bando por el que lucharía. ¿En cuál?, le pregunto. Te lo diré si me revelas tu fuente, dice con un tono rocoso: el mar de noche. No debo desvelar mi fuente, digo. Confía en mí, dice Xavier Cercas con una voz encrespada en su propia oscuridad. Corto al instante la comunicación.

Luis Vinuesa García

 (Pintura de cabecera: Número 32. JacksonPollock)


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