DIVERTIMENTO SALVAJE 6, Autor: Luis Vinuesa García

I

Iba yo más acojonado que el padre de mi amigo cuando lo trasladé al ambulatorio. El hombre, inspirado por ENFERMEDAD Y DOCUMENTAL (El gaucho insufrible, Bolaño, 2003), aferraba su móvil como un tesoro tecnológico con el que pretendía grabar –él o alguna enfermera comprometida– los instantes clave de la convalecencia hasta el último, aunque éste fuera mortal. Así lo había hecho el artista del que habla Bolaño en ENFERMEDAD Y DOCUMENTAL, salvo que el montaje del artista elude el final con un fundido en negro y una voz en off que anuncia la fecha del fallecimiento. Tremendo. Bolaño escribe que si lo viéramos, ese final, seríamos incapaces de soportarlo; pero el padre de mi amigo era de la opinión contraria, pretendía que su hijo difundiera su vídeo para que el pueblo supiera que estábamos en manos de alcibiadeses modernos asesorados por rasputines y paracelsos. ¡No entiendo nada!, grité, pues el padre de mi amigo y yo hablábamos en el coche con las ventanillas abiertas. ¡Alcibíades!, me respondió desde atrás, ¡un político ateniense con grandes golpes de efecto como los juegos olímpicos del 420 a.C., en los que se pulió medio presupuesto de la ciudad!

Al padre de Héctor se le estaba yendo la olla tras años de docencia como profesor de Historia. Incluso después de jubilarse continuaba investigando por todo tipo de archivos, desde los subterráneos a los oficiales. Hace poco nos dijo: Porque enseñé historia la soporté, y aquí fue cuando Héctor aprovechó para iniciarlo en Bolaño: abrió Amuleto (1999) y citó: “Porque escribí, resistí”. Y la frase conmocionó la sesera de su padre que a partir de entonces se interesó por el bolañismo, que hace de la escritura una forma de vida. El historiador captó muy bien esa esencia, pero decidió vivir su reverso, esto es, la lectura. Yo manejaba el volante acojonado, porque ahora ese “vivir la lectura” podía llegar a igualarse de forma macabra con el video del artista de ENFERMEDAD Y DOCUMENTAL. Al despedirme en la puerta del ambulatorio, el historiador me advirtió: Le mandaré la grabación al borracho de mi hijo, que burle como pueda toda censura y la publique.

Mientras esperaba fuera los quince minutos que me indicó el enfermero, cavilé sobre mi amigo. El hijoputa tenía una resaca como el EVER GIVEN, aquel carguero monstruoso que taponó el canal de Suez. A lo largo del día Héctor iría descargando contenedores, a ver si a última hora lograba desencallarse de la cama. Aunque si lo de su padre resultaba ser grave, me dijo por teléfono, que le pillara cocaína, vulgo farlopa. Vale, concedí; de todas formas había planeado llevársela a Héctor, debíamos rescatar su papeleta del prado de margaritas mexicanas de la noche anterior.

II

¡A votar!, me dice el padre de mi amigo al salir del ambulatorio. A ti y a mí nos toca en el mismo colegio, ¿no? Sí, respondo a aquel usuario de la seguridad social que fuma demasiado y a quien han descubierto en la espalda un acceso de acné conglobata que le ha producido algo de fiebre. A mi edad y con acné, dice. A su edad debería dejar de fumar, le digo yo. A ver, responde, aquí quién es el padre.

En la puerta del colegio se observa un atasco de personas. Hay electores confundidos ante dos carteles de candidatas que, en sendas farolas, sonríen al vulgo. Se parecen en la mirada, en el corte goyesco, comenta el padre de Héctor, que continúa: A la gente aquí le ha pasado lo que al asno de Buridán que, ante dos montones de heno de igual cantidad y calidad, no se decide y termina muriéndose de hambre. El intelecto, vamos, que paraliza la voluntad.

Salen apoderados de los partidos de las candidatas intentando aclarar quién es quién en medio de un revuelo de sobres y papeletas que semejan gaviotas hitchcockianas. O eso pienso yo, con mi mente sin resaca. Hay agentes municipales que impiden grabar al padre de Héctor si no se acredita como periodista. Historiador no vale.

Una vez (re)organizadas las filas, el padre de mi amigo y yo avanzamos pasito a pasito conversando en voz baja: el hombre recuerda la novela Amuleto, el pasaje donde la narradora tiene la visión de los muchachos caminando hacia el abismo, como la gente hacia las urnas aquí en Madrid, la Tijuana de Europa; y que le lleve perico a su hijo, con él conjuraremos las margaritas.

III

Cuando salimos de votar le pregunto al historiador cuál va a ser su próxima vivencia inspirada por la lectura. Voy a seguir con el Gaucho insufrible, dice, por ENFERMEDAD Y LIBERTAD, donde vuestro Bolaño cita un verso de Nicanor Parra: “Ordeñar una vaca y luego tirarle la leche por la cabeza”, me tendréis que llevar a una granja.   

Luis Vinuesa García

    

Óleos de cabecera: La duquesa de Alba;  La marquesa de Solana, Goya


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