NO TE FÍES DE LAS APARIENCIAS, Autora: Ana Melgosa

Estoy enfadada y aunque tenga una voz pequeña, como me dijo una vez una niña, hoy quiero gritar. Necesito hacerlo, es urgente e importante. Así que en este texto no habrá cabida para la voz baja.


Me rebelo ante mis propias imposiciones, frente al debo de y tengo que. Lo llaman fatiga de pandemia, prefiero un “estoy hasta las pelotas”, desahoga mucho más. Y es que llevo mucho encima, debajo, a izquierdas y a derechas. Borroso se muestra lo que hay delante e irrelevante a estas alturas lo que se encuentra detrás.

Estoy enfadada y mucho. Frunzo el ceño con rabia y constriño mi boca. Emito un sonido sordo e indescriptible que hace que mi garganta rasque. No, no dejaré de respirar hasta ponerme azul, ¡solo faltaba! ¡A la mierda! Esa frase de Fernán Gómez me parecerá siempre sublime en momentos como este.


Fatiga de pandemia, ¡a la mierda! Lo que yo tengo es hartazgo de incomprensión, de falta de empatía, de egoísmo y chabacanismo. Si, ya sé que no existe la palabra, me da igual. ¿Acaso no lo habéis entendido? Pues ya está. Fatiga de leer, escuchar, mirar y ver todos los días lo mismo.


Y ¿ahora es cuando me pongo a dar guantás verbales a toco moche? Pues va a ser que no. Siento no cumplir vuestros deseos y joderos (prometo que será el único taco) las expectativas. Ahora es cuando mi voz baja llega, ¿pensabais de verdad que no lo iba a hacer?


Una caricia, un buenos días, una sonrisa y una canción. Un abrazo, un te entiendo, un te ayudo y un camino. Bailar en los semáforos, reír hasta llorar, llorar hasta reír y volar con la imaginación. Un te cuido y de vuelta un te cuidaré. Caminar con frío, pensar con calma, observar con atención. En voz baja un susurro, un leve soplido en tu oído, humedecer tu oreja, descubrir cómo se nos eriza la piel. Tus manos en mi cuerpo, mi boca en la tuya y sentir el fuego que poco a poco nos invade. Entras en mí, somos uno. Te siento en mi sexo, en mi corazón y en mi alma. Te escucho y te huelo. El deseo bloquea mi cerebro al tiempo que se escucha ese grito ahogado compartido. Y todo lo demás ¡A la mierda! 

Ana Melgosa


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