SHERWOOD ANDERSON, por Concha Vallejo

Hasta ahora todos los autores sobre los que he escrito en esta sección de Yukali Página Literaria han respondido al impacto que me había causado su obra o más concretamente alguna de sus obras. Pero en esta ocasión, mi intención es presentaros a un escritor que hace poco apenas conocía, por la influencia que sus cuentos y sus novelas han tenido sobre la literatura norteamericana del siglo XX: Sherwood Anderson, del que me atrevo a afirmar que en nuestro país es un ilustre desconocido o a lo sumo se le considera un one book writer, autor de un solo libro, aunque en realidad se trata de un escritor prolífico que escribió novela, relatos cortos, poesía y ensayo. Su obra alcanza unos veinte títulos, de los cuales menos de la mitad han sido traducidos al castellano. Sherwood Anderson sigue siendo lectura obligada en cualquier seminario de literatura norteamericana del siglo XX y pertenece a la categoría de los padres fundadores de la narrativa estadounidense junto a nombres como Hawthorne o Melville. “Es igualmente el faro de una generación de narradores excepcionales (Carver, Gass, Coover, Brodkey o Tobias Wolff)”, como apunta La Vanguardia. Aunque su escritura es realista, difiere en gran medida del realismo entonces imperante, porque el suyo está cargado de lirismo, evocación y una utilización muy precisa de la imagen y la palabra. Es el gran innovador-fundador del cuento en su país, que había pasado a ser un género artificial y anquilosado.

Hace muchos años, no recuerdo cuantos, un amigo, lector muy cualificado, me recomendó la novela de Sherwood, Muchos Matrimonios. La breve nota que suelo escribir después de terminar un libro decía: “Buena prosa que no me ha emocionado, incluso en determinados momentos me he aburrido. No he entendido bien la novela”. Hace poco, hablando sobre literatura norteamericana salió a relucir Sherwood como un escritor imprescindible para los amantes de la lectura, así que decidí leer su obra. Lo he hecho y os cuento mis impresiones.

Empecé con Winesburg, Ohio, el libro que lo lanzó a la fama. Muy bien recibido por la crítica, su reputación ha fluctuado a lo largo de los años. Algunos lo veneraron y otros lo rechazaron por su estilo poco convencional o por considerar inmorales algunos temas tratados. Los 22 relatos que contiene se configuran en torno a George Willard, reportero de un periódico local que narra las vivencias de la comunidad de Winesburg, Ohio, una localidad ficticia, aunque el pueblo exista en la realidad. No hay dudas sobre la identidad unitaria de esta obra coral, a la que no se puede calificar de novela en sentido estricto ni tampoco de recopilación de relatos, sino más bien como lo que se conoce por “ciclo de cuentos” (short story cycle). Los relatos no tienen la estructura clásica del cuento, sino que muestran momentos de la vida de los personajes que comparten su historia con el reportero, en medio de la cual suele aparecer un hecho que la transforma. Disfruté mucho con su lectura por su gran sobriedad expositiva, a la vez rotunda y eficaz. Me llamó especialmente la atención la tierna mirada, la empatía y la comprensión con que el autor se acerca a la gente común de un pueblo del Medio Oeste norteamericano: la maestra, el médico, los pequeños empresarios, las familias adineradas, los solitarios y los marginales, muchos de ellos con dificultades para adaptarse al nuevo entorno que supone la industrialización; y todos con deseos de expresar sus frustraciones, incluida la sexual. El conocimiento de esta obra que inaugura la nueva forma del cuento americano me ha facilitado un mejor entendimiento de la narrativa de otros autores posteriores como Carver, Steinbeck, Faulkner, Cheever o Updike.

Antes de pasar a las novelas, seguí leyendo relatos en una recopilación de sus cuentos, titulada Cuentos reunidos. En ellos, más allá del costumbrismo, Sherwood profundiza en la esencia de la América del S. XX en donde el habitante del Medio Oeste lucha para adaptarse a los cambios que exige una sociedad industrializada impulsada por el capitalismo. Sus ciudadanos viven en medio de la incertidumbre entre un pasado que se extingue y una prosperidad que aparece como una amenaza. En muchos de los cuentos, que tocan temas como la ambición, el sacrificio, la soledad, el fracaso, el fin de la inocencia y el cambio, el autor aborda con ironía el gran sueño americano. Relatos breves como “El huevo” y “El hombre que se convirtió en mujer”, muy alabados por Cesare Pavese, el valedor de Anderson en Europa, o “Soy un idiota”, que Faulkner consideró “el mejor relato breve de América”, están recogidos en esta antología, junto a otros en los que el autor reflexiona sobre su labor literaria. No se trata de relatos ingeniosos con un final sorprendente como los de O. Henry, entonces al uso, sino de historias en las que la emoción domina sobre el intelecto. También he disfrutado mucho con su lectura.

Pobre Blanco, escrita un año después de Winesburg, Ohio, ha sido considerada desde su publicación original como la mejor novela de Sherwood, opinión que yo comparto. A través de su historia, parcialmente autobiográfica, el autor crítica el auge de la tecnología y la industria en el cambio de siglo. Al mismo tiempo, recrea una historia donde la naturaleza no tiene prejuicios y la belleza está al alcance de la mano. Pobre Blanco refleja la efervescencia de aquellos tiempos -en contraste con la miseria de los antiguos campesinos- en las fábricas, la explotación de los obreros, las primeras huelgas, la corrupción económica, los trapicheos empresariales, así como el nuevo papel de la prensa en manos de los nuevos ricos. En esta novela valiente Anderson incluso se atreve a tocar temas como el germen de lo que sería el movimiento feminista en su lucha por los derechos de la mujer. Pobre Blanco nos ofrece un maravilloso testimonio de la “sombría preocupación metafísica y la ardiente sensualidad” de su autor” (The New Republic).  

Abordé con algo de recelola segunda lectura de Muchos matrimonios, pero a medida que avanzaba en el libro, cambiaban algunas de mis primeras  apreciaciones. Me di cuenta de que la novela no es el simple relato de un adulterio, como aparece a primera vista, sino la expresión del rechazo a la mentalidad puritana estadounidense representada por la actitud fría y silenciosa de la mujer de Webster. Perteneciente todavía a la etapa más inspirada de Sherwood, fue objeto de duras críticas por su contenido. Nos presenta a John Webster, vecino de una pequeña ciudad del Norte industrial, que, de repente, después de veinte años de matrimonio, comienza a sentir una extrañeza indefinida y una exaltada sensación de novedad que le permiten percibir a su alrededor detalles y matices antes ocultos. En este estado de ánimo descubre los sentimientos que le provoca su secretaria Natalie Swartz, con la que decide fugarse abandonando su fábrica de lavadoras y a su familia para dar un nuevo sentido a su vida. Anderson nos habla de la “dicotomía entre espíritu y carne” que perturba a su protagonista y de las consecuencias de una relación en la que no cabe ni el calor de los cuerpos ni el de las palabras y se rebela contra aquellos escritores que, según ironiza, “nos han recordado constantemente el código moral y las virtudes esenciales”. La novela me gustó más, pero me siguió pareciendo extraña y con demasiadas divagaciones y ensoñaciones.

 Biografía

Sherwood Anderson nació en Camden, Ohio, en 1876 en el seno de una familia campesina: su madre era una emigrante de remotos orígenes alemanes y su padre, a quien consideraba un fracasado, un veterano de la Guerra de Secesión. Dejó la escuela a los catorce años y tras la muerte de su madre se trasladó a Chicago donde trabajó durante años en diversos oficios que no le satisfacían. No podía soportar las condiciones de vida de la gran ciudad, por lo que se alistó en la guerra, pues según sus palabras “prefiero contraer la fiebre amarilla en Cuba, que vivir en un frío almacén en Chicago”. A la vuelta de la contienda, durante la cual no entró en combate, quiso labrarse un porvenir y trabajó con éxito como redactor de anuncios, además de colaborar con diversas publicaciones. Pero ese mundo hipócrita de los negocios tampoco le satisfacía y cuando, ya casado y con hijos, se marchó a Cleveland, era un hombre torturado por la insatisfacción que no lo abandonaría a pesar de que a sus cuarenta años trabajaba en la fábrica de día y escribía de noche poemas y novelas, cultivando su “vicio”, la literatura. Este sentimiento de inadecuación se convirtió en una fuente de inspiración para su obra. De ahí su fama de escritor torturado e incomprendido. Cuando vuelve a Chicago con su negocio de publicidad, ya había publicado cuatro novelas. Con el apoyo de líderes del movimiento literario de Chicago como Theodore Dreiser o Floyd Dell, publicó poesía y relatos cortos en diversas revistas literarias. Este mismo movimiento impulsó la publicación de sus dos primeras novelas, El hijo de Windy McPherson (1916) y Marching Men (1917) y de un libro de poesía, Mid-American Chants (1918). Pero el éxito le llegó con Winesburg, Ohio, colección de 22 relatos relacionados entre sí que muchos críticos consideran uno de los mejores libros en lengua inglesa del siglo XX. Su época de mayor éxito fueron los años veinte en los que se sucedieron premios como el prestigioso The Dial y el acceso a las grandes revistas literarias norteamericanas. Entre 1921 y 1925 publicó dos novelas, dos libros de cuentos y un libro de memorias en el que relataba su azarosa vida de hombre hecho a sí mismo y en continua itinerancia sentimental y profesional: se casó cuatro veces y cambió de domicilio y oficio continuamente. Sherwood, extenuado por una vida que detestaba, sufrió una crisis nerviosa que le hizo tomar la decisión de dedicarse a la literatura de forma definitiva. Sus libros de relatos posteriores: El triunfo del huevo (1921), Caballos y hombres (1923) y Muerte en el bosque (1933), aunque menos exitosos, ratificarían su calidad. ​En un viaje a París con su mujer, costeado por un benefactor, conoció a Gertrud Stein, con quien mantuvo una gran amistad. Prueba de ello es la carta de recomendación que Sherwood le escribió para un joven llamado Ernest Hemingway. Fue un escritor osado que trató temas tabúes para la época, dando  voz a esa parte de la sociedad de la que la prosperidad nunca se acuerda. Falleció de una peritonitis, por haberse tragado un mondadientes que le generó una infección. Murió en Panamá en 1941, en donde muchas obras suyas fueron publicadas post mortem.

Obras (traducidas al español)

Novelas

Pobre blanco (1920). Ediciones Barataria 2013. Hugh, el protagonista, pertenece a un grupo social descendiente de europeos, formado por jornaleros blancos sin recursos, conocido como Poor White (Pobre Blanco). De ahí el título.de la novela. Tras morir su padre borracho y haragán –su madre había fallecido cuando él era un niño- abandona su pueblo natal en busca de mejor vida. Después de años de deambular siempre hacia el Este desempeñando diferentes trabajos, se instala en Bidwell, población de unos 2.500 habitantes, donde se convierte en inventor de maquinaria agrícola y se relaciona con la emergente clase empresarial. El joven no solo persigue sus ambiciones profesionales, sino también el aprecio de la comunidad encarnado en Clara, la hija de uno de los dos mayores magnates de Bidwell. La acción se desarrolla entre 1870 y 1910, un periodo en el que, durante y después de la Guerra de Secesión, el Norte vivió un proceso de industrialización que dio lugar al llamado “sueño americano”, pero que también trajo consigo la desaparición de sus valores más nobles. Es una novela coral, cuyos personajes principales, triunfadores en unos casos y derrotados en otros, nos muestran la riqueza humana de aquel entorno.

Muchos matrimonios (1923). Gallo Nero Ediciones 2012. Sherwood escribió esta novela durante el invierno, según él, muy feliz, que pasó en Nueva Orleans, aunque la había estado meditando durante muchos años. Es la historia de dos matrimonios y dos momentos. La novela, cuyo argumento es aparentemente banal, el jefe que se fuga con su secretaria, fue muy criticada en EEUU, incluso calificada de inmoral y prohibida en muchas librerías, porque preconiza el fracaso del matrimonio, o lo que es igual, de la monogamia, aunque según su autor lo que investiga es la liberación física y mental del ser humano. La reflexión de Anderson despojada de inhibición es mucho más profunda y mística, quiere ahondar en la esencia del hombre para entender qué fuerzas interiores lo mueven a través de las convenciones sociales.

Relatos

Winesburg, Ohio (1919). Acantilado 2009. Esta colección de relatos describe, a medio camino entre el análisis psicológico y el sociológico, las frustraciones de los habitantes de una pequeña comunidad rural incapaces de adaptarse a las nuevas formas de vida. Trata uno de los temas favoritos de Anderson: la vida y los anhelos de la gente de un pueblo del Medio Oeste, unos obsesionados con salir de allí para buscar nuevos horizontes y otros con encontrar un sentido a su pequeña vida. Las historias fueron concebidas como partes complementarias de un todo que tienen como trasfondo una única comunidad. Aunque el periodista sirva de hilo conductor, cada una de las historias está protagonizada por un personaje que relata parte de su pasado y su presente, así como su lucha por sobreponerse a la soledad y el aislamiento que parecen flotar en el pueblo.  Recibió el Premi Llibreter 2009.

El triunfo del huevo (1921) Greylock Editorial 2019. Está compuesto por 15 relatos que muestran cómo era el mundo rural de Estados Unidos a inicios del siglo XX.  ​Detrás de este libro de impresiones subyace la reflexión vital de que separar el mundo es fácil, que lo complicado es volverlo a unir, sobre todo de una forma aceptable que consiga que dejemos de sentirnos incompletos. Sherwood habla sobre el significado de la vida a través de las palabras de los excluidos por el progreso y la felicidad, que describe como animales enjaulados que se revuelven y se revelan ante sus miserables existencias. Muchas de las angustias vitales de los personajes siguen vigentes: las injusticias sociales, la espiral de pesimismo y opresión de las personas que saben que no tienen posibilidad de mejorar en la vida, o de hacer lo que verdaderamente desean. Aunque todos son cuentos muy buenos, menciono algunos como “La otra mujer”, un alarde de sensibilidad; “Maternidad”, con un punto festivo o “Lámparas sin encender” sobre el vacío del miedo y la inseguridad que conviven con la belleza, los paseos meditativos y la fluidez del tiempo.

Muerte en el bosque (1933). Ediciones Traspiés 2014. Reúne trece relatos inéditos en castellano, en los que Anderson ensaya interesantes soluciones narrativas y que muestran la vida en la América profunda. El autor bucea en el alma de sus personajes con un lenguaje sencillo, eficaz, tomado directamente del habla cotidiana. La sensación de plena libertad, el contacto constante con la naturaleza, la idea de la bondad del ser humano atraviesan estos relatos.

Cuentos reunidos. Lumen 2009. Recopilación de 21 cuentos, 16 de los cuales han sido extraídos de sus libros El triunfo del huevo, Horses and Men y Muerte en el bosque. El resto apareció en publicaciones independientes.

Ensayos

La canción de las máquinas (1931). Berlín Libros, 2018. Tras la visita a 20 fábricas, escribe 12 ensayos a caballo entre la crónica periodística y el relato, de estilo sencillo aunque cargados de complejidad, movido por el pesimismo y el desconcierto ante un horizonte a su juicio poco alentador. Esboza teorías, hoy en día curiosas, sobre el futuro del mundo del trabajo, las relaciones entre hombres y mujeres, el compromiso social de los artistas o la capacidad del ser humano para “salvarse a sí mismo”.

Para finalizar, os dejo mi recomendación: leed a Sherwood Anderson. Winesburg, Ohio, Pobre blanco o cualquiera de los cuentos no os desilusionarán.

Concha Vallejo

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