DIVERTIMENTO SALVAJE VI, Autor: Luis Vinuesa García

Es mi socio quien ha invertido su cóctel destornillador, al echarle tres medidas de vodka por una de zumo de naranja. Los proveedores baratos están hundiéndose y nosotros hemos de reservar las existencias para los clientes. Por mi parte no hay problema, soy abstemio y con agua me vale. Cuando cerramos y vamos dejando listo el local para el día siguiente, o simplemente nos relajamos, mi socio, que ha ido “invirtiéndose” toda la tarde-noche, termina por hablarme de Bolaño. Aprieta y afloja los mecanismos de sus historias. Ahora construye y deconstruye Bronceado, un relato incluido en el volumen El secreto del mal. En Bronceado –me lo he tenido que leer por la insistencia de mi socio–, una narradora poco fiable nos cuenta en primera persona que pertenece al mundo del espectáculo (teatro, televisión, algo de cine) y que en un momento dado acoge a una niña del Tercer Mundo. ¿Que por qué es poco fiable, la narradora?, pregunta mi socio al aire, destornillador en mano. Porque ella se autoengaña, se responde él mismo y le da un sorbito al destornillador con ventolera de filósofo, para mí que de la Antigüedad, pues a continuación me habla de los primeros sofistas, que se ganaban al público a las claras, y de los sofistas de la segunda hornada, que se promocionaban en modo postureo. Acodado sobre la barra, mi socio se pregunta a cuál de las dos categorías pertenece la narradora. “Yo a veces me hago la tonta, por obligaciones del guion”. Mi colega no termina de ver claro si la narradora acoge a la niña Olga para promocionar su carrera o por sincero humanismo. Al devolver a la niña, Lucía parece llorar como una madre; pero cuando la ONG le vuelve a proponer el acogimiento al año siguiente, a Lucía le cuesta recordar hasta el nombre de la niña. Eso se puede disculpar por haber tenido un año muy ocupado. Yo le digo a mi socio que el nombre de Lucía puede relacionarse con el título, Bronceado. “Lucía un bronceado de cara a la galería”. Eh, me dice mi colega –sirviéndose otro cóctel, mientras yo erizo las mesas con las patas de las sillas–, eres tú quién debería trasegarse los destornilladores o “algo”.

Mira quién está ahí, me señala mi socio la noche siguiente. Dirijo mis ojos al final de la barra y encuentro una morena bebiendo sola. Es Tara Sanz, la cantante, ha de explicarme mi colega. Tampoco es de extrañar, supongo, nuestro garito es de los pocos que resisten y nos encontramos en una zona pudiente. Buen escote, me susurra mi sosia. Anda, éntrala, a ver si te adopta, a ver si sales de aquí, es cuestión de tiempo que nos cierren. Venga, sírvele acaso un destornillador, averigua qué tipo de sofista es Tara Sanz.

Luis Vinuesa García

Fotografía de cabecera: Something more 1, Tracey Moffatt      

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