EL PARQUE MEMORIAL DE LA PAZ DE HIROSHIMA, Autoría: Aetheria

Imagen y Palabra: el Parque Memorial de La Paz de Hiroshima

“Il faut éviter de penser à ces difficultés que présente le monde. Sans ça, il deviendrait tout à fait irrespirable.”

“Hay que evitar pensar en las dificultades que a veces presenta el mundo, porque si no sería completamente irrespirable”

Marguerite Duras. Hiroshima, mon amour

La Imagen:

Hiroshima, Parque de La Paz. Paseo por un jardín amplio, simétrico y cartesiano, casi previsible. La luz de la tarde de julio ilumina intensamente los árboles perfectamente recortados que flanquean un estanque rectangular. Muy cerca de allí se encuentra el Museo Memorial de La Paz, que acabo de visitar. Es un testimonio crudo de la destrucción y la desolación total que el hongo nuclear causó en aquel verano de 1945. En el interior del museo, un reloj digital de trazos rectos y fríos contabiliza, segundo a segundo, el tiempo transcurrido desde el feroz estallido. No hay que olvidar.

Fuera en el Parque Memorial de La Paz hace calor. Hoy el sol brilla y el verde luminoso de los árboles rezuma savia y latido vegetal. El futuro aún no existe, está conformado de materia borrosa, como el reflejo acuoso de la pareja que pasea junto al estanque. Tras la visita al horror del pasado, la caricia de los rayos solares y la belleza ordenada de este jardín de paz reconfortan el ánimo.

La Palabra:

Hiroshima, mon amour, escrito en 1959, cuenta la historia de un breve e intenso encuentro romántico entre una mujer francesa y un hombre japonés en la ciudad de Hiroshima. Se trata en origen del guión que la escritora Marguerite Duras redactó para la película homónima del director francés Alain Resnais. Duras (1914-1996) nació en Saigon, hoy Ho Chi Minh (Vietnam), y pasó sus años de infancia y adolescencia en la Indochina francesa, algo que sin duda marcó su vida y su obra.

La mujer francesa, cuyo nombre no es revelado en el libro, ha llegado a Hiroshima para rodar sobre el holocausto nuclear. Allí conoce a un arquitecto japonés. Las conversaciones de los dos amantes circunstanciales bucean por los entresijos del horror y del amor, de la memoria y el olvido. Ella intenta describir Hiroshima. Pero lo indescriptible, aunque haya sucedido, no puede ser descrito: “Es imposible hablar de Hiroshima. Sólo es posible hablar de la imposibilidad de hablar de Hiroshima”, dice ella. Del horror habla el Museo Memorial a los visitantes de Hiroshima; del amor y de la vida habla el Parque de La Paz. Y ambos nos recuerdan que para aprender no conviene olvidar.

(Si queréis conocer algo más sobre Aetheria os dejamos el enlace directo con la página web: https://aetheriatravels.com/aetheria/ , os gustará.)

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