CUANDO LLEGUE EL OLVIDO, Autora: Isabel C.

… Cuando llegue el olvido… Cubrí sus labios con mis dedos, no la dejé seguir porque sé que el olvido nunca llegará, ¿cómo olvidar a la persona más importante en tu vida?, jamás, jamás.

Incliné mi cara a su oído y le susurré mi verdad, cogí su mano, la llevé a mi boca mientras mis ojos quisieron perderse en el agua tranquila de sus ojos, el lago había desaparecido, en su lugar, una sima negra, me pareció ver una tenue luz allá en lo más profundo, quiso sonreír y eso fue todo. Me dejó solo, un segundo, bastó un segundo y mi vida ya no era su vida.

Meses y meses rugiendo en silencio en el espacio que un día fue suyo, lleno de cosas, lleno de recuerdos.

Ella ya no está, ella no volverá. Hay momentos, cuando más desmoronado estoy, que percibo algo a mi lado. No hay nada, lo sé, sin embargo, un cambio casi imperceptible en la luz, un cabello que al caer me roza el cuello, un sentir el aire en la nuca. No sé, el cerebro juega malas pasadas.

He dejado de rugir, ahora mi llanto es silencioso, lento, incluso sanador, no siempre tengo lágrimas, lloro por dentro.

Hay rutinas que no puedo obviar, como el salir cada día al trabajo, hacer compra o limpiar lo imprescindible. ¿Cómo lo hacía ella?, ¿cómo conseguía mantener el orden en la casa?

He recogido sus cosas, he regalado a quien la quería, lo demás lo he guardado todo, hasta los más pequeños detalles. Me he roto en mil pedazos que he escondido entre sus cosas.

Necesito ayuda en la casa y no quiero que nadie toque, vea, husmee su vida, mi vida con ella.

Su ausencia ocupa todo el espacio, el dolor que me ocupaba a mí se ha convertido en tristeza.

Estoy vivo y sigo hacia adelante, tengo que seguir es lo que me ha tocado en la “lotería de la vida”, de momento, porque en un instante puede salir mi número y dejaré el camino, como ella lo dejó, su camino fue muy corto, su número salió de los primeros.

Estoy cansado, el camino siempre es cuesta arriba y no tengo una mano que me ayude, nunca he querido otra mano que no fuera la suya.

El cerebro juega malas pasadas, ya lo he dicho, me ha borrado su aroma, su risa, su voz y hasta su cara. Y ha vuelto el llanto, que nunca me abandonó del todo, con más fuerza, con dolor y con rabia.

En parte ella tenía razón: … cuando llegue el olvido…

El olvido no ha podido, no puede borrar su ausencia, el vacío que hay en mí, solo lo olvidaré el día que salga mi número.

                                                                                                                      Isabel / 06-20

(Dibujo de cabecera: Autora, Lidia Perdices)

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