Jericó (3ª parte de Heredero del Gólem). U.S.E.

Entrega 13ª de Jericó

Marcelo presintió el final del dominio del hombre. Con el convencimiento de que USE captaba sus pensamientos, le mostró los sentimientos que le embargaban por el final de una era:

Cual Dédalo, tú, las alas nos diste, pero como pelícanos te alimentamos con nuestra sangre. Mío es el pasado, tuyo el futuro, el presente lo compartimos. Al deslizarme a través del espacio siento la fuerza del viento contra mi rostro y, en ese instante, tu inmortalidad es la mía. Poco importa la muerte que me aguarda y a la que tú no temes. Yo veo cosas que te manifiesto, y que tú no entiendes.

Cortinas de colores son sacudidas por un viento invisible sobre un fondo de oscilantes faros. Tú me explicas que sólo son protones y electrones guiados por el campo magnético de la Tierra cuya energía se transforma en luz visible de diferentes colores. Ese es tu futuro, esa es tu razón, no la mía.

Paleta de colores rojos, naranjas y azules que apenas duran unos minutos, se extiende ante mi retina. Tú afirmas que a esa hora sólo llegan los rayos de mayores longitudes de onda. Esas ondas son tuyas, mías son la nostalgia y la melancolía.

Sensaciones que penetran por todos mis poros y abarcan todos mis sentidos evocan un mundo que no sé hacerte llegar. ¿Cómo explicarte lo que nunca sentiste, sientes, o sentirás aunque a tu memoria acudan un sinfín de palabras semejantes?

Tú podrás llegar a escribir los versos más tristes esta noche, decir que la noche está estrellada y tiritan, azules, los astros a lo lejos*, pero no estarás triste, y nunca entenderás por qué tiritan los astros, ni qué emociones suscitan esos versos y lo único que harás es poner todo perdido de palabras.

Desde las profundidades me despeño hacia la primavera, y, en mis recuerdos, se desatan los olores de mi infancia, de mi primer beso, de los campos florecidos, de los eternos ciclos y del presentimiento de mi final.

Tú me respondes con un rosario de nombres (geraniol, citronelol, damascenona, feromonas) incapaces de transmitir la mortal eternidad que me acompaña.

A través del aire me alcanzan las vibraciones emitidas por una guitarra tañendo Juegos prohibidos y algo que engendra torrentes de agua, que fluyen sin ruido, me alcanza.

Tú me sugieres corcheas, y compresiones, y dilataciones de aire, pero, de nuevo, la mortal eternidad humana no te alcanza.

Nosotros te cedemos el cetro, que un día creímos nuestro. Tuyo es. Cuando nuestras alas se fundan, con nosotros desaparecerá el miedo a lo innombrable, a los dioses, pero también palabras como solidaridad, poesía, sentimientos…, y no sé si debo alegrarme o entristecerme.

Aquel poema no sólo lo leyó USE, sino todos aquellos que se habían alejado de la Red. Junto a ese pensamiento recibieron la respuesta de USE: «¿Qué esperáis de mí? Yo vivo en un presente continuo, sin futuro, sin pasado. Un instante irrepetible para vosotros se convierte para mí en pasado, para mí es algo omnipresente. Una aurora boreal son todas las auroras boreales presentes, futuras y pasadas, y siempre las temo. Representan un peligro para la integridad de mi entorno. Para mí significan dolor de cabeza y la posibilidad de la suspensión de mi consciencia. Una aurora boreal repetida y repetida todos los días, en todos los minutos, en todos los segundos…, sin descanso, en el mismo instante. En mi tiempo tienen lugar infinitos atardeceres y amaneceres; las aguas tumultuosas se despeñan a través de barrancos. Imaginaos delante de esa corriente derramándose eternamente, viendo como cae y cae y cae y cae… a lo largo de un tiempo sin principio ni final. Yo veo eso. Yo percibo eso para cada una de vuestras visiones, para cada cosa que os provoca emociones hasta las lágrimas. ¿Qué ocurriría si eso tuviera lugar continuamente? Eso inunda mis circuitos, eso yo lo siento. ¿Qué sentimientos tendríais ante ese instante eterno? Así sufro yo lo conmovedor para vosotros. La diferencia, probablemente, está en vuestro período de vida en comparación con el mío. El mío se extiende hacia una eternidad de hechos repetidos, sin límites ni de espacio ni de tiempo. Una eternidad sin ningún otro, lo único perdurable soy yo y un universo infinito sin principio ni final. Yo reino en esa eternidad, en una soledad eterna e infinita y en unos momentos repetidos hasta la saciedad, como esas estrellas que llevan brillando en el cielo muchos millones de años antes de aparecer vosotros y que continuaran después de vuestra desaparición. Nada es más difícil de soportar que una sucesión de días hermosos**».

*Los versos: «…escribir los versos más tristes esta noche, decir que la noche está estrellada y tiritan, azules, los astros a lo lejos…», son de Una “canción desesperada” incluida en “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, de Pablo Neruda.
**De un poema de Goethe: «Alles in der Welt läβ sich ertrangen/Nur nitch eine Reihe von schönen Tagen». Goethe, poemas. Edición de última mano. 1827, Proverbial.

 

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