SUEÑOS SÁDICOS, Autor: Jocke

 

Me soné la nariz como si quisiera expulsar todos los males de la tierra, como si pretendiera desinfectar todo el entramado de cavidades, venas, huesos que me forman. La culpa la tenía el último webinar que me receté anoche para calmar la ansiedad que me produce el virus.

Se preguntarán qué es un o una webinar, duda inicial que la mayoría silenciosa de seres fronterizos a la edad de riesgo nos planteamos cuando accedemos a las famosas redes sociales.

Pues les cuento, según mi gurú de cabecera en el YouTube, Paluegoescuando#3, el o la webinar, según sea el género, es toda reunión telemática, eufemísticamente llamada conferencia web. En palabras normales, es decir un encuentro entre dos o más personas para intercambiar sus sesudos puntos de vista ante el público que los ve y escucha en ese momento u otro, si los organizadores lo distribuyen por el espacio digital.

Total, que una serie de expertos transmitieron por la red su intercambio de rollos, a todas luces científicos, sobre su saber inconcluso o más bien sobre su sapiencia nimia acerca del nuevo coronavirus SARS-Cov2, conocido en el mundillo profesional de las enfermedades como covid-19, o si prefieren nombrarlo en una de sus versiones más rústicas, como lo conocemos los miembros mayoritarios del populacho: el corona.

Las imágenes no eran muy buenas, debe ser porque no me alcanza para la fibra óptica o tal vez porque los servidores de los organizadores eran de baja calidad o quizá porque, aunque nos creemos del primer mundo, en realidad militamos en tercera. El chiste es que los participantes estaban un poco pixelados y cuando pasaban sus diapositivas, sobre la forma del nuevo virus, francamente las imágenes del microscopio parecían borrones de sombras y luces.

Aquí se puede apreciar cómo se distribuye, aquí la gravedad, en ésta…”, y sobre esas imágenes, pretendían que nosotros los inexpertos entendiéramos qué sucedía con el bichito.

Yo sinceramente prefiero las caricaturas que han hecho diferentes moneros, cómicos de los dibujos y los diseñadores de memes, donde el corona sí que se aprecia con sus pinchos y su sonrisa maléfica.

El caso está en que, una de las profundas reflexiones que hizo un personaje serio, con sus gafas de grueso calibre, su calva reluciente y su pose de Dr. House, me provocó una serie de reacciones somáticas de lo más tenebrosas. Primero me llamó al asombro, después me erizó los vellos, luego me provocó una temblorina e inmediatamente después una parálisis emocional, y por último un miedo del carajo.

Tanto que anoche, sólo pude dormir ocho horas y después se me apareció el corona. Su imagen verde y gorda se aferraba con sus pinchos sobre mis células, que por cierto estaban bien bonitas, con un color rosadito, si las mirabas de lejos, ya si te acercabas unas millonésimas de micras, sus núcleos se tornaban en un matiz dorado, y refulgían nadando en ese mar calmo que es el citoplasma, y ahí flotando también, en un verde lima, tirando más bien a un tono citronela, las mitocondrias. Finalmente, en azul turquesa los ribosomas.

¡Qué belleza! Me acordé de mis clases de biología en la secundaria y aquella celulota que hice con cartón y papel de china. Nos la había dejado la profe Verónica, ¡uf! Qué profesora. Con sus gafas negras y sus faldas de cuero. ¡Tsss! Bueno, bueno. Ya me estoy desviando.

Todo iba más o menos en mi despertar somnoliento, hasta que descubrí los pinchos del corona moviéndose como pequeñas bocas seductoras abriéndose y cerrándose, muy cercanas a la membrana plasmática. Y ésta, primero reticente rechazando el envite, pero eran tan rítmicos y llamativos los besos del corona que una de esas la membrana cedió.

Y fue entonces que me espabiló un sofocón y corrí al baño. Me lavé las manos con jabón durante no sé cuánto tiempo y luego me soné la nariz como ya les platiqué. Hasta que poco a poco llegó la cordura. Ahora, ya con calma y después de haber desayunado unos huevitos con chorizo, ya estoy listo para siguiente webinar, que empieza a las 11 de la mañana, afortunadamente esta conferencia tratará sobre la soledad y la muerte en tiempos postcorona. Deséenme suerte.

Jocke, Madrid, junio del 2020.

 

(Fotografía de cabecera, Autor: Jocke, basada en una escultura del artista británico, Luke Jerram)

 

 

 

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