CARTA PARA SUECIA, Autor: Slawomir Mrozek

 

 

Estimada lectora y/o lector:

Conocí a Mrozek un día en el que ambos renovábamos nuestro Permiso de Residencia en el mundo; la cola era muy larga, él se encontraba justo delante de mí, avanzábamos lentamente, en un momento dado, tropecé y golpeé su espalda, me disculpé y él me dijo que no me preocupara que estaba acostumbrado. ¿Acostumbrado a qué?, me pregunté.

No me dio tiempo a mucho más, él se presentó, yo me presenté y, a continuación, me agarró del brazo, me miró fijamente y me dijo que la vida no eran más que saltos entre planos diferenciados.

Y ahí acabó todo porque llegó nuestro turno, a él le tocó la mesa 41 y a mí, como siempre, la 37.

Acabé mis trámites, me dieron mi nuevo y transitorio Permiso, y, al salir, pude ver al bueno de Slawomir discutiendo con el funcionario de turno acerca de una fotografía, argumentaba mi amigo polaco que para qué iba a traer una fotografía si el Estado ya tenía una reciente de él: ¿no pasaba el satélite todos los días a las 16.30 por encima de su casa?, ¿y no iba sacando fotografías?, ¿y no se ponía él todos los días, desde hacía una semana, mirando hacia arriba?, solo tenía que solicitarla al departamento oportuno y ahí estaba su fotografía, qué ganas de duplicar trámites…

¡Qué talento el de Mrozek!

M.C.A., para Yukali Página Literaria

 

 

Carta para Suecia

Slawomir Mrozek

 

Distinguido señor Nobel:

Solicito humildemente que me sea concedido el premio que lleva su nombre.

Mis motivos son los siguientes:

Trabajo como contable en una oficina estatal y, en el ejercicio de mis funciones, he escrito unos cuantos libros, a saber: el Libro de entradas y salidas, el Libro de balances y el Libro mayor. Además, en colaboración con el almacenero, he escrito una novela fantástica titulada Inventario.

Creo que le gustarían porque son libros escritos con imaginación y tienen mucha gracia (son auténticas sátiras). Si deseara leerlos, podría prestárselos, aunque por poco tiempo, porque están muy solicitados. Quien tiene más interés es el inspector de Hacienda, ya puedo oír su voz en el despacho de al lado.

Hablando del inspector, preveo que tendré ciertos gastos porque me temo que los libros no van a ser de su agrado. Precisamente le escribo a usted esta carta para que el premio me permita sufragarlos. Por favor, mande el giro a mi domicilio. Dejaré una autorización a nombre de mi mujer, por si yo no estuviera ya en casa el día que venga el cartero. En tal caso, el dinero servirá para pagar al abogado o… Espere un momento, señor Nobel, acaba de entrar el inspector.

Ya se ha marchado. ¿Sabe qué le digo, señor Nobel? Mándeme mejor dos premios. No tiene usted idea de cómo se han disparado los precios.

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