BINDU, Autora: Isabel C.

Quien tiene todos los nombres que no pueden ser nombrados, quien tiene todos los números que no pueden ser descifrados, quien tiene todas las incógnitas que no pueden ser resueltas; se aburre, se aburre mucho.

Quiere empezar de nuevo, pero hay una pequeña mota de polvo, en su Todo, que se le resiste y no debe comenzar una nueva Era hasta que todo termine. Son sus reglas del juego y decide dejar que jueguen, jugarán otra u otras partidas, pocas, el ciclo se agota, pero no precipitará el final.

Es una mota casi imperceptible en su Todo que aún no ha sucumbido, pero es finita porque así lo decidió, todo lo creado sería destruido para volver a empezar.

Año 3040 de la nueva Era, más de tres mil años de un planeta en el que a los “elegidos” se les dio la oportunidad de cambiar y nada ha cambiado, al contrario, el planeta se muere, la Naturaleza responde con dureza a las agresiones sufridas.

Fue un planeta hermoso, exuberante, estaba poblado por millones de especies animales y vegetales, pero algo salió mal en el proceso evolutivo, los “elegidos” nunca debieron ser los que son, ¿por qué esta rama y no otra?

Lanula está sola, el último de los descifradores se ha diluido, hay momentos en que se le agotan las fuerzas, pero sabe que tiene que continuar, tiene que encontrar la clave y no le queda tiempo, el lado oscuro avanza implacable, y ella se diluirá también en la oscuridad, entonces no quedará nada, no quedará ni una huella de su mundo. Dirigió su mirada al fondo de la galería, ¿cuántos eran? Apenas diez y dependían de ella, su continuidad dependía de su trabajo.

Si encontrara la clave, tal vez, solo tal vez, todo empezaría de nuevo y el lado oscuro retrocedería.

«¿Y si a pesar de todos los esfuerzos no sirve para nada y si mi empeño es un sueño absurdo?

»Pero, los sabios dijeron que si se descubría la clave todo se podía arreglar.

»Estoy sola, para descubrir ¿qué?, si ni siquiera sé lo que busco.»

Lanula volvió sobre sus pasos, tomó una “energola” y se dispuso a terminar el trabajo que ella misma se había encomendado.

Eran muchos los documentos que le quedaban por mentaleer, no podía obviar ninguno, solo así podía encontrar lo que buscaba.

Se acomodó en su puesto lo mejor que pudo y comenzó:

«Esto es muy antiguo, hasta ahora no había encontrado nada igual, ¿de qué Era será?, son signos extraños, nunca los he visto antes, parece contar algo del principio del Tiempo. Veamos de qué habla»:

Los habitantes del planeta de los ‘Claroscuros’ eran esclavos, pero no querían saberlo, vivían en un perpetuo ensueño donde se creían libres, sus vidas transcurrían con chispas de felicidad, gotas de placer y lluvia de amargura, repartidas de manera aleatoria a lo largo y ancho del planeta desde su nacimiento. Su Amo, enviaba mensajes recordándoles que sus ‘vidas’ podían dejar de ser en cualquier momento y continuamente se llevaba unas cuantas al ‘Otrolado’, otras veces necesitaba muchas y les ‘obligaba a matarse entre ellos’, o producía una catástrofe ‘natural’ (prueba de su poder). Era el peaje que tenían que pagar por creerse libres.

Nunca se supo qué era el ‘Otrolado’, había teorías, muchas leyendas, cuentos, pero jamás se exploró la verdad, los esclavos no tenían medios para hacerlo.

Era un mundo cruel, en su afán de Libertad, confundían el ‘Poder’ con el ‘Ser’ y así algunos acumulaban riquezas y se sentían los más poderosos y se creían inmortales, se aprovechaban de los débiles esclavizándolos, no se daban cuenta de que ellos también eran esclavos y que su vida no les pertenecía; en cualquier momento, quizás cuando más poderosos se sentían, podían pasar al ‘Otrolado’ y nada de lo que tenían podían llevarse, era un viaje sin retorno.

Desde el principio de los tiempos, cuando se inició la vida, (nadie sabe ni nunca ha sabido, por qué o para qué) estos ‘seres’ han luchado contra sus semejantes, contra el resto de seres del Planeta, contra el Planeta mismo y contra el AMO desconocido, al que quieren emular, sin embargo en su ignorancia y no querer saber su condición, se están destruyendo a sí mismos…

«Cuenta lo que decían los “sabios” que había ocurrido en otra ERA, pero es un ente ajeno el que observa y relata cómo era todo, alguien de lo que llama el “Otrolado”? ¿El AMO desconocido? No, eso es solo una leyenda, una metáfora del fin, lo inventaron en el inicio de los tiempos porque creían que el fin era un cambio de estado un cambio de la armadura que envejece.

»Ahora sabemos, sabían, que el fin es el fin de nuestro existir, lo que se apaga no se enciende jamás.

»Los “sabios” contaban que se pudo parar la destrucción total y unos cuantos de ellos habían empezado de nuevo, habían comenzado una nueva ERA, y todo fue bien durante un tiempo, luego algo o alguien se mancilló con el “virus” y ahora estoy sola y no sé por qué, el lado oscuro ha engullido todo. “Se están destruyendo a sí mismos”, eso dice, ¿entonces, es eso lo que ha ocurrido ahora?  ¿qué es el “virus”? ¿algo que ha contaminado el Mundo? O fue la semilla de los Sabios la que estaba mancillada, y hubo un tiempo en que ya no pudieron controlar nada, a medida que se multiplicaban se expandía el mal.»

Lanula se dejó caer, no podía más, si aquello era veraz, ellos contenían el virus, mejor dejar que todo terminase. El lado oscuro se apoderaría de todos y no quedaría nada, nada.

 No podía permitírselo, era algo que debía a su Mundo, ella desaparecería, pero debía encontrar la “clave” para dejar una huella de lo que fue y de los que fueron antes que ella, antes que el “virus” mancillara sus mentes y sus cuerpos, porque no podía creer que su raza siempre fue esclava de un AMO, ellos eran libres, solo estaban “dañados”.

El relator del documento que había mentaleído sabía lo que era el virus, probablemente él o algo como él fue el causante, por eso la crónica. Si seguía trabajando encontraría más relatos y acaso en alguno estuviera la clave y guardaría la huella.

Reanudó el trabajo. Nada nuevo: docuhistorias, crónicas, mensajes de despedida, listas de desaparecidos, fórmulas científicas, fórmulas mágicas, medidas a tomar, medidas a cambiar, medidas a anular, soluciones fallidas, nuevos asentamientos, nuevas burbujas vitales, nuevos alimentos, cómo conseguir agua, como eliminar agua, como calentar, como enfriar, como dormir, como nacer, como morir, como controlar el lado oscuro…

El lado oscuro avanza, ya queda poco y sigue buscando, aumenta la velocidad de su comprensión, se detiene un instante y su mirada se pierde en aquellos que esperan y no ve esperanza en ninguno.

Vuelve a los archivos, ¿Cuántos ha revisado? Miles y ninguno le da la respuesta que espera, pero ha de terminar la tarea encomendada antes de que todo se diluya.

«Esto parece un poema, ¿un poema?»:

Calma, protección

Luz cegadora

Vereda ascendente

Caos, precipicio

Olas furiosas

Mareas, resaca

Calma, cielo claro

Rayo destructor

Fuego, ascuas

Caos, negrura

Vacío, silencio

Nada.

«Vacío, silencio, nada. ¡Esta es la clave!, pero la clave no es para dejar la huella, la clave es la destrucción final. El ciclo se ha completado.

»Nada puedo hacer, nada se hubiera podido hacer, el relator tenía una pregunta en su historia, yo también pregunto lo que nadie supo contestar ¿Por qué y para qué?

»Todo desaparecerá y BINDU comenzará de nuevo»

Ha descubierto un nombre y lo ha pronunciado, la partida terminó y el juego también. Volvamos a empezar.

Isabel C.

 

BINDU. El que tiene todos los nombres: Origen de todo, fuerza creativa del Cosmos.

 

(Fotografía de cabecera, Autor: Javier Herraiz de Heras)

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