TRES Y DULCE, Autor: Manuel Cardeñas Aguirre

Roberto Bolaño siguió a Vallejo por París vestido de Monsieur Pain, quería preservarlo de una muerte ya ocurrida en el pasado con un toque de ficción del presente, pero consiguió todo lo contrario, certificó su defunción, me hundió en la certeza de la ausencia eterna; Un amigo mío, poeta anónimo, crítico conocido, visita todos los días su manoseado ejemplar bíblico de POESÍA COMPLETA (edición de Juan Larrea) —un Vallejo para espíritus cultivados—, como si con ello conjurara su posible caída en la vulgaridad que su época —la nuestra— produce como si fuera una fábrica de yogures a pleno rendimiento; Yo, por mi parte, en su día, me quedé viviendo dentro de la obra del poeta peruano, y ahí sigo, abrigado entre las paredes del mayor enigma de la poesía en castellano que se conozca: TRILCE

 

Alfan alfiles a adherirse

A las junturas, al fondo, a los testuces,

Al sobrelecho de los numeradores a pie.

Alfiles y caudillos de lupinas parvas.

 

En aquellos años en los que aún confiaba en la Crítica Literaria como disciplina anexa —nunca ajena— a la Literatura, leía cuanto caía en mis manos para ver si alguien que no fuera yo era capaz de aportar algo más acerca de esa poesía que emociona la razón aunque desconozcas desde dónde viene su pasión. (Qué secreto orgullo vive en el corazón de los poetas.) Hoy en día ya no lo hago. He constatado que la Crítica y los críticos no existen, es, únicamente, Literatura interesada.

Solo queda el poema. (Nunca lo he dudado.)

 

Este cristal aguarda ser sorbido

En bruto por boca venidera

Sin dientes. No desdentada.

Este cristal es pan no venido todavía.

 

Ese cristal poema. Pálido y transparente. Ese leer en labios para cortarse en boca. Sangrante líquido, apasionada materia. Dientes que han perdido identidad y uso civilización tras civilización, masticando mentira tras mentira, triturando lo anteriormente triturado. Cristal que a través del tiempo poético se convertirá en espejo donde el existir, en su interior, es forma de vivir. Pan no venido todavía.

 

Quién ha encendido fósforo!

Mésome. Sonrío

A columpio por motivo.

Sonrío aún más, si llegan todos

A ver las guías sin color

Y a mí siempre en punto. Qué me importa.

 

Solo vive el poema. (Nunca lo he dudado.)

Porque al poeta poco le importa lo que la vida le depare, él se halla resguardado detrás de la palabra que nace pura desde el sentimiento, la palabra que deriva desde la vida y protege contra la muerte.

César, césar Vallejo,

Qué vida quieres contarme que tanto rebota en mi interior y tanto habla de mí sin ser la mía; Qué tragedia es esa de la que tengo que sonreír; Qué tiempo es ese que me pide estar preparado y a punto; Qué fósforo, luz y llama, brasa que abrasa, se balancea en las líneas descoloridas de una sonrisa.

Sigo en la celda de tu palabra vejetal; Sigo a la espera de tus sentidos telúricos; Sigo encerrado entre las paredes nocturnas y sólidas de tu poesía, en ese enigma trilceano que arrumba roces y memorias en la misma medida que grita significados no desvelados, ese enigma cambiante como el tiempo que voy dejando caer a mi paso porque Qué me importa.

Solo tú, poesía / Solo tú, animal jeroglífico / Versos de barro que hozan futuros

 

Serpea el sol en tu mano fresca,

Y se derrama cauteloso en tu curiosidad.

 

Cállate. Nadie sabe que estás en mí,

Toda entera.

 

(Nunca lo he dudado.)

Manuel Cardeñas Aguirre

(Fotografía de cabecera de Frieke Janssens)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .