“¿QUIÉN CUIDARÁ DEL HOSPITAL DE LAS RANAS?”, de Lorrie Moore, Autora: Silvia Sánchez Muñoz

En primer plano, las ranas heridas de color verde y azul.

Tras ellas podrían aparecer Berie Car y su amiga Sils en su versión preadolescente, croando sobre un fondo gris que no es otro que Horsehearts, su pueblo, un lugar perdido y cercano a la frontera de Canadá, en el que sueñan con ser princesas y enfermeras de los anfibios heridos.

El Hospital de Ranas es un particular bildungsroman en el que Lorrie Moore relata la amistad de Berie y Sils a lo largo de sus procesos indiscutibles de convertirse en jóvenes hormonadas, fatales e incomprendidas durante la década de los años 70. Más tarde, con los años y las decepciones que sepultan lo soñado, terminarán, al igual que las ranas, nadando entre algas y barro.

Pero la historia no solo habla sobre adolescentes rebeldes que, entre otras cosas, bailan colocadas con chicos mayores y no dudan en cruzar la frontera canadiense para abortar con la ayudad de un taxista —un enano siniestro llamado Humpty Dumty—, mientras compatibilizan sus idas de olla con trabajos de poca monta en el parque temático de cuentos infantiles Storyland. Lorrie Moore es una escritora a quién le gusta la complejidad, que mira a sus personajes de frente, sin complejos, proyectándolos en diferentes dimensiones temporales, y por ente, vitales. De esta forma retrata a Berie, entre dos espacios distintos y simultáneos: el Horsehearts de su juventud y el de París, desde donde la sombra adulta de aquella Berie adolescente —ahora una mujer gris de mediana edad que naufraga en un matrimonio ajado de contornos acuosos y perecederos—, recuerda con nostalgia las vicisitudes vividas con su amiga Sils dentro del entorno hostil y decadente de Horsehearts.

El estilo de Lorry Moore es de una amargura elegante, cítrica, poética y mordaz. En cada reflexión, una puñalada de verdad; con cada descripción, una espesura queda flotando en el pecho del lector. Por ejemplo, cuando Berie habla de su trabajo como cajera en Storyland cuenta cómo iba a visitar a Sils en su papel de Cenicienta, y lanza esta reflexión: «En teoría las cajeras no debían tumbarse en ningún lado ni meterse en secciones en las que estuvieran fuera de contexto, fuera del personaje, pero de vez en cuando era posible escaquearse. Podrías pasear sin objeto en la historia incorrecta, una situación que, en la vida real, me parecía que tenía lugar a todas horas».

Así son las historias de Moore, en la que nos habla sobre personajes bellamente humanos y descarnados que no muestran ningún ápice de autocomplacencia, ni por ellos, ni mucho menos por los demás. Hace tiempo, un amigo y yo proclamábamos a los cuatro vientos: ¡Por favor, lean a Alice Munro!

Pues bien, cuando encuentren el momento, lean a Lorrie Moore.

 

Hospital de Ranas de Lorrie Moore, editado por Salamandra. 200 páginas

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