LA FÓRMULA SECRETA, Autora: Nuria Pradilla

En el cine convencional estamos acostumbrados a que los textos —normalmente en forma de guion— sean el origen y el sustrato sobre el que emergen las imágenes. Por eso resulta interesante observar las posibilidades que nos proporcionaría variar esta fórmula y realizar esta operación a la inversa.

Hagamos un ejercicio, miremos detenidamente los siguientes fotogramas y pensemos qué palabras nos sugieren.

A mí se me vienen a la cabeza  “soledad”, “desierto”, quizás “resignación” … Pero las imágenes, además de evocar ciertas palabras o conceptos de manera casi automática, pueden tener la virtud de inspirar construcciones literarias más elaboradas y, a veces, hasta son capaces de generar un pequeño universo lírico con el que se enlazan y acoplan a la perfección.

Veamos ahora el fragmento anterior de forma completa, en su montaje original, pero escuchemos también la voz del poeta Jaime Sabines recitando el texto creado expresamente por Juan Rulfo para estas imágenes, el cual escribió después de su visionado.

La escena que acabamos de ver pertenece a la película La fórmula secreta (1964) del director mexicano Rubén Gámez (1928-2002). Esta interesante película, que originariamente iba a llamarse Coca-Cola en la sangre, ganó el Premio a la Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Edición y Mejor Adaptación Musical en el Primer Concurso de Cine Experimental en México en 1965.

La primera imagen que veremos emerger desde la pantalla en negro es la de una botella de Coca-Cola bocabajo, que a modo de suero, va vaciándose y recorriendo el tubo hasta acabar introduciéndose en el cuerpo de lo que parece ser un enfermo. La botella de Coca-Cola nos acompañará desde entonces y aparecerá fugazmente varias veces, sirviendo para separar los diferentes fragmentos que componen este mediometraje experimental.

El propio Juan Rulfo se refiere a La fórmula secreta y al simbolismo que implica la aparición de la botella de Coca-Cola en la película en un breve texto recogido en el libro El gallo de oro (2010) de la editorial RM Vernac:

“Yo la única película que hice se llamó La Fórmula Secreta. Originalmente se llamaba Coca-Cola en la sangre, pero le quitaron ese título porque pensaban que nadie iba a verla. Es la historia de un hombre que le están inyectando Coca-Cola en lugar de suero y cuando empieza a perder el conocimiento siente unos chispazos de luz y la Coca-Cola le produce unos efectos horribles, y entonces tiene una serie de pesadillas y en algunas ocasiones habla contra todo. Esta película es una película ANTI. Es anti-yanqui, anti-clerical, anti-gobiernista, anti-todo… No la han dejado exhibir”.

La película de Gámez muestra un conjunto de estampas del pueblo mexicano donde, utilizando recursos propios del surrealismo y, en ocasiones,  un “montaje intelectual” al estilo de Einsenstein, consigue hilar un discurso efectivo y contundente que, además de conseguir imbricarse totalmente con la forma narrativa y algunos de los personajes e ideas presentes en el obra de Rulfo, logra un retrato original y propio de la esencia y, a su vez, la contradicción que implica el hecho de “ser mexicano”.

A lo largo del metraje se suceden imágenes en las que la presencia colonizadora de Estados Unidos se hace patente en los espacios más cotidianos a través de la aparición de carteles, maquinaria, productos, sonidos, etc. También el clero queda retratado en esta pieza con un montaje perturbador.

La relación de Juan Rulfo con el cine proviene de sus colaboración en la escritura de guiones cinematográficos, aunque su implicación más personal la podemos ver en el cortometraje experimental El despojo (1960) de Antonio Reynoso, basado en un texto creado por Rulfo, que según se dice, fue escribiendo a la vez que se iban filmando las imágenes.

Rubén Gámez, por su parte, comparte con Rulfo el hecho de ser un autor con pocas obras. Trabajó durante años en el mundo publicitario, después participó como director, operador o guionista en algunos cortometrajes documentales. Pero no fue hasta 1991 cuando pudo realizar su primer y único largometraje, Tequila, donde, desde su peculiar visión, vuelve a abordar el tema de la identidad mexicana. Este largometraje recibió el Primer Premio del IV Concurso de Cine Fecimex Categoría Libre en México en 1991.

La fórmula secreta consiguió en su día revolucionar el panorama cinematográfico mexicano, reflejó de forma diferente a sus habitantes, lejos de los estereotipos con los que los idealizaba el cine de la época. Rubén Gámez consiguió hacer una película crítica, pero que no se limita a cuestionar una situación socio-política desde el punto de vista de los poderosos, si no que implicó directamente a los propios mexicanos a los que retrata inmóviles, hieráticos, a menudo mirando a cámara en una actitud entre desafiante y hastiada, como si quisieran decir “aquí estamos, así somos”. Una actitud que los mantiene pasivos frente a la invasión colonizadora a pesar de que esta pueda acabar quitándoles gran parte de su identidad. De esta forma Gámez nos dejó esta extraña y genial pieza, donde consigue crear una atmósfera única —a la que, sin duda, contribuye también la banda sonora de Vivaldi, Stravinski y Leonardo Vázquez— donde podemos “ver” el universo literario de Juan Rulfo y “escuchar” la voz particular de Rubén Gámez.

 

 

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