TÉ DE TI, Autora: Ana Sánchez Huéscar

 

 

Disueltos en agua, tus ojos contienen

la mirada interminable

que redondea el horizonte.

 

Verde mariposa

 

Metamorfosis. El análisis minucioso de tu boca.

Queda claro que, al beberte, me nacen alas,

y te estudio los labios con el vuelo de mi cuerpo.

Desmenuzo hilos de liquen en el calor que desprendes

y soy mariposa verde, revoloteándote.

He mirado las acepciones de la palabra sueño

en los espejos brillantes de un laberinto

y ninguna me señala el camino a escoger.

Si me detengo a contar los cielos

que caben en la piel de un sentimiento

quizá nunca comprenda su significado.

 

Cadencia blanca

 

Yo.

Hojas y brotes.

Recolecto las yemas de mis dedos con Pureza,

palabra de diez cielos y un nenúfar encantado

que impide al dolor oxidarse lento.

Los suspiros acogen tristezas desvanecidas

en el espacio oscuro de la risa,

y se me cae la inocencia

al lamer la cuchara por la que te escurres

como un abrazo, hasta mis piernas,

y las mancho de mirada diluida en azúcar

de culpa y de ganas y de pena,

y cae la manera de explicarte

que nadas en el fondo de mi cuerpo,

por detrás de mi corazón estremecido,

al margen de todas mis pesadillas;

y cae el otoño por la ventana,

mudo, deshecho, blanco…

y caes dentro de mí,

metálico, astringente. Níquel.

 

Planeta rojo

 

Serenémonos, seamos el arrullo de un Deseo.

Esta palabra tiene las manos grandes

y dieciocho cielos en la espalda.

Me pide que no olvide.

Que viaje al espacio para robarle a Marte

el rojo de su materia y lo convierta en

hebras secas con nombres extravagantes…

catequinos, flavonoides,

perlas de madrugada y

llamaradas de palabras transparentes

que se escapen de tus ojos al mirarme.

Que orbites alrededor de mí misma,

enroscado en mi inmensa entrega

como quien tiene la intención de

albergar el agua entre sus brazos

sin que se derrame ni una gota.

Aleteas, hierba de escamas, y activas

temblor en mi sentido íntimo.

 

Silencio azul

 

La blanca rebeldía

de acumular

negro

sobre

negro.

Huir significa explorar los caminos del Miedo,

palabra de cuatro cielos y ninguna promesa,

balaustrada de abismos con

sabor a pérdida y a vacío.

En los confines del silencio

existen costras azules de un único cielo

donde las palabras son animales sin boca

carentes de valor y rebosantes de dudas.

 

¡Azúlame cuando me inundes!

 

Te pido, y aprieto la bolsita de nailon

contra la taza de porcelana, apelmazo

tu herbario de huesos para exprimirte la esencia,

el dulce escondido que habita en ti,

y me basta remover los posos del fondo,

introducir tu silencio en mi boca para que

suene en el aire un glosario de partículas,

de sílabas, de lágrimas.

 

Desapareces…

 

pero no importa, nada importa,

porque yo te bebo, y me nacen alas,

y te vuelo, y te sueño, y te llevo

 

en mí.

 

 

(La imagen es una pintura de Susana de Artaza Losada)

 

 

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