DE PATADAS, Autor: Jocke (Joaquín Pérez)

¡Mierda! Todavía falta media hora para que empiece el partido. Lo bueno que sigues tranquilo Robertito y ojalá sigas así hasta que llegue mamá, si no, no podré ver al máster Messi.

Aquí entre nos mi hijo, nosotros aquí en el barrio también tuvimos nuestro Messi. Se llamaba Pedro, bueno, espero que todavía se llame. Le decíamos “el Piter”. Era un chingonazo, un maestro de las gambetas, además bueno para las trompadas y máster para bailar salsa, digno valedor de la colonia. Lástima que se emperró con la Lorena, si no, ahorita estaría jugando mínimo en primera, o en el gabacho. Aunque estoy seguro que por su calidad ya andaría haciendo quiebres en Europa.

Pinche Pedro, que fregón jugaba. Era único recibiendo de espalda al marco y con un par de fintas, ya estaba enfilado a la portería. Driblaba a gusto y tiraba con las dos piernas. Con él salimos campeones tres veces en la liga de la delegación. De no haber sido por la Lorena hubiéramos ganado el campeonato de la Ciudad.

Pero es que el Pedro también era muy broncudo. No tenía paciencia y perdía la cabeza, más que con las faltas, dentro del campo, se prendía con los piropos que le soltaba el personal a la Lore.

Yo no sé cómo se le ocurría invitarla a los partidos, si ya sabía cómo se las gasta la broza con el personal fémino, sobre todo ante un ejemplar como ella. Ya la conoces, tremenda morenaza caribeña, de grandes pechos y caderas. Y no es que sea muy bonita, pero ese cuerpo de tentación vuelve loco a cualquiera, si mijo, chorrea sensualidad. Y la banda, pues… es gruesa y se prende al primer contoneo.

Varias veces terminamos los partidos enfrascados en peleas por culpa de los piropos a la Lore y los mitotes que se armaban por su postura provocadora. Siempre le ha gustado llamar la atención, qué se le va a hacer, está en su naturaleza.

Todavía me acuerdo del día de la tragedia del Piter. Fue el último partido de la liga en el estadio municipal. Las gradas estaban a reventar, mitad para los cremas de San Felipe y la otra para nosotros los gatos salvajes de San Gabriel. Pinche nombre tan feo, yo propuse que nos lo cambiáramos por los pumas o de perdis las panteras, pero… ¿gatos?   !Son chingaderas! Bueno, en parte había algo de razón, la mayoría éramos unos pinches gatos, sin más panorama que sobrevivir a chingadazos en la pequeña selva callejera.

Pero el Piter sí que tenía chance de salir de esta cloaca. Puta madre cómo recuerdo esa descolgada desde media cancha, se quitó tres cabrones a pura velocidad y luego le tiró una vaselina al portero que lo dejó hincado en el pasto, con el ojo cuadrado. El segundo gol antes del descanso, también fue portentoso, recibió la pelota de espaldas al marco y contuvo la bola con el pecho, para después tirarse una chilena de antología, colocando el balón ahí donde hacen su nido las arañas. Todo pintaba de maravilla, incluso en el descanso, unos trajeados, dizque observadores del Barça o del Madrid, se fueron a hablar con don Toño. Sepa la chingada si sería verdad, pero no era primera vez que gente cuca se daba la vuelta para ver al Pedro.

Pero ni modo mijo, todo se torció con la llegada de la Lorena que se le había hecho tarde para llegar al partido. Ahora que lo pienso la culpa fue de don Toño. Pinche viejo pendejo, la cagó por dejarla estar a pie de campo.

La Lore iba vestida para la ocasión, con un conjunto amarillo canario muy corto y unos mallones que la dibujaban perfecta.

Cuando inició el segundo tiempo y la Lorena empezó a pasearse por la orilla del campo, frente a los seguidores de los cremas, ahí empezó el desmadre, pronto se armó el griterío. “Mamacita, pecadora, sabrosa, qué buena estás”. Puta suerte, el Pedro se empezó a distraer, ya no se concentraba y perdía los balones al escuchar los gritos a la Lorena.

Don Toño se dio cuenta que la había cagado e intentó componer la cosa invitando a la Lorena a alejarse, pero salió más caro el caldo que las albóndigas. La Lorena se emputó y comenzó a forcejear con Don Toño y el Pedro que lo ve y que se prende, seguro pensó que el don le estaba metiendo mano.

Todo ocurrió en un santiamén, Pedro llegó empujando a don Toño que se fue al suelo y como tenía a la Lorena agarrada de la cintura para alejarla del campo, con el empellón se la llevó entre las patas.

Ya en suelo, el Piter lo agarró a patines y ese fue su peor error, porque en la grada estaban los hijos de don Toño, que todos saben son los meros efectivos de la banda gruesa.

Ni tardos ni perezosos le tundieron una madriza al Pedro que terminó en el hospital con las costillas y las piernas rotas. Ahí se apagó la carrera prometedora del Pedro y nosotros perdimos el campeonato, porque la liga nos descalificó por violentos.

Don Toño no quiso saber más de nosotros. Y la Lore abandonó al Pedro, dicen que el cabrón se fue de mojado. Ya ves nadie sabe para quién trabaja, ahora tú duermes tranquilo aquí en tu cuna, yo espero poder ver el partido de Messi y a esperar a la Lore del camello. !Ay güey! Se me olvidó comprar los pañales. ¡Chingada madre! Ahora tenemos que salir de nuevo.

Jocke.

 

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