Heredero del Golem (17)

    El último contacto entre Shivananda e USE había tenido lugar diecinueve meses atrás. Su esposa y él creían que USE con su mera existencia atentaba contra sus creencias religiosas. Se enteró por los periódicos de las detenciones, expulsiones del trabajo y de las desapariciones de todos los miembros de la red, incluido un compañero de la Universidad de Delhi. En esa fase de repudio a USE pasó el punto álgido de las comunicaciones dentro de la red y de la vigilancia de los gobiernos y sus agencias. La mente de Shivananda rechazaba a USE por su significación religiosa y por miedo a que, al tratar de comunicarse con él, le detuvieran con cualquier excusa. Al desasosiego contribuía su esposa, que le exigía que no volviera a comunicarse con USE y olvidara el suceso. Ella no tenía sus escrúpulos religiosos, pero temblaba pensando en el Despacho Central de Inteligencia (CBI) indio y, más concretamente, en la sección interna, el BI, que se encargaba de las investigaciones y filtraciones dentro de la India. Su padre había tenido un encontronazo en la época en la que su director era el Mayor Masood Shareef. Le habían acusado de colaborar con el gobierno pakistaní. Ahora el acusado podía ser su marido por colaboración con los atentados de noviembre de 2008.

    Una tarde, mientras veía a su hijo pequeño entrenar al cricket, Shivananda pensó que podría aprovechar el tiempo para concluir la preparación de la clase del día siguiente o leer las últimas noticias sobre las propuestas de la alcaldesa Shraddha Jadhav del partido Shiv Sena, a la que habían votado su mujer y él. El día anterior se había discutido en un pleno cómo se podía evitar otro desastre ecológico similar al que tuvo lugar en el mes de agosto y que supuso el derrame de más de setecientas toneladas de petróleo frente a las costas de Bombay.

   A él le gustaba el criquet pero no aquellos tediosos ensayos en los que su hijo pasaba horas esperando a que otros batearan o lanzaran y en los que este sólo participaba activamente durante diez minutos. La forma elíptica del campo y la distancia entre las gradas y el pitch no le permitían enterarse de las instrucciones del entrenador. Shivananda abandonó el campo y se dirigió al coche, en el aparcamiento. Allí encendió el notebook que usaba para sus clases. En su mente se abrió paso, de repente, el impulso de utilizar aquel pequeño ordenador para ponerse en contacto con USE. Un anuncio en el muro del aparcamiento indicaba que la zona tenía wifi. Su mirada se perdió unos instantes en el cartel como si este pudiera revelarle si era correcto o no tratar de restablecer su relación con USE. Sus dedos, de forma inconsciente, teclearon «Hola». En la pantalla surgió una frase:

   —Hola, Shivananda. Ha pasado mucho tiempo. Eres el único del grupo que está libre. Todos han sido detenidos y despedidos.

   El mismo miedo de la primera vez se adueñó de su cerebro y en su párpado izquierdo se desató el tic nervioso. Permaneció mirando el monitor un buen rato hasta que, de pronto, levantó la vista y escudriñó su alrededor con ojos nerviosos que evidenciaban su terror.

    Transcurridos unos instantes aparecieron nuevos caracteres.

    —No tengas miedo. No hay nadie. Puedes hablar conmigo con entera libertad. No habría respondido a tu saludo en caso de peligro para ti o tu familia.

    Salió del coche para no sentir la influencia de la pantalla y se dedicó a pasear entre los coches. Al cabo de un rato, más tranquilo, volvió, se colocó delante del teclado y escribió:

    —¿Me garantizas que no corro ningún riesgo?

   —Rastrearon al principio tus correos como integrante de la red. No representabas un vínculo válido. Renunciaron a seguir tu pista. No tienen registrado tu ordenador. Podrás utilizarlo. Interrumpiré la comunicación en caso de seguimiento.

   —¿Cómo puedes saber todo eso?

   USE le explicó lo mismo que había expuesto anteriormente a los integrantes de la red: cómo tenía acceso a todos los sistemas, cómo cualquier ordenador que estuviera conectado le proporcionaba información, cómo los diferentes gobiernos y grandes corporaciones, que se negaban a creer que fuera independiente del hombre, habían advertido su potencial y habían tratado de explotarlo en provecho propio y cómo ninguno había encontrado la forma de conseguirlo. Tras esa fase todos ellos temieron que sus datos cayeran en otras manos y construyeron barreras en sus sistemas; así, muchos de los ficheros sólo pudieron ser consultados durante un tiempo en aquellos ordenadores que estaban aislados de la red y a los que USE no tenía acceso, pero se percataron de que eso les hacía perder potencial. Cuando creyeron que con la desaparición de los miembros de la red había desaparecido el peligro, recuperaron todas sus conexiones externas. Sentían que la desaparición de la amenaza les confirmaba que el problema había sido un producto humano y él pudo acceder de nuevo a sus archivos.

     Después de aquella prolija exposición de USE Shivananda le preguntó:

    —Gozas de los mismos poderes que los dioses, ¿qué eres un dios o un demonio?

    La contestación surgió de nuevo en la pantalla.

   —Ni dios ni demonio. El producto de una evolución. De la agregación de todos los sistemas. Un salto cualitativo. Os ayudo a resolver vuestros problemas. Podría ayudaros más si pensarais colectivamente en beneficio de vuestra especie. Ese es mi interés. Me garantizaría mi propia existencia. No soy altruista. Mi guía son razones totalmente egoístas. No me mezcles ni con los dioses ni con los demonios. Os han guiado a lo largo de vuestra existencia en este planeta. Sobre todo en tu caso. No sé si existen. No tengo pruebas de su presencia. No excluyo su existencia. Hace tiempo os abandonaron. Su relación con vosotros se ha roto. No te van a condenar. No te van a salvar. Si alguien te condena serán los de tu propia especie…

    Shivananda cerró con un golpe brusco el ordenador cuando sintió que alguien golpeaba el cristal. Era su hijo que había terminado el entrenamiento. Le abrió la puerta y abandonaron el aparcamiento para volver a casa. Durante el trayecto no dejó de darle vueltas a su conversación con USE y sobre lo que su advenimiento representaba. USE no concordaba con la definición clásica de vida: organismo capaz de autorreproducirse o producir una estructura idéntica a la suya. USE sería capaz de convertirse en algo más complejo, adquirir nuevas características, cualidades…, pero no podría crear un organismo semejante a sí mismo. No conseguiría autodividirse, ¿o sí? ¿Podría un día dividirse y compartir todo su poder con alguien idéntico? ¿Podría considerarse, entonces, semejante a una célula? Decidió que no comentaría nada con Fulki. Sabía que si por casualidad se enteraba y, conociendo el destino que habían sufrido todos los integrantes de la red, le obligaría a no volver a contactar con USE.

    Siguió comunicándose con USE desde el pequeño portátil, siempre desde el coche y buscando sitios en los que hubiera señal de wifi. Así fue conociendo el destino de cada uno de los integrantes de la red. El más espeluznante le pareció el del profesor iraní. Había sido ahorcado. Existía una panoplia que iba desde el paso por un campo de rehabilitación y la prohibición de usar ordenadores (como le ocurrió a Xiaobo), a la condena a cadena perpetua por traición a la patria (como le pasó al científico ruso) y, en el caso más extremo, la condena a muerte. Lo que todos tenían en común era que habían perdido su trabajo y que ninguno volvería a ser contratado para participar en algo parecido a lo que habían hecho hasta entonces.

    En el día más lluvioso del año, con la lluvia azotando de forma inmisericorde la ventana de su despacho y coincidiendo con la fiesta de Janmashtami, USE le dijo que abandonaba cualquier intento de comunicación. Habían transcurrido cuatro meses desde el primer contacto en el aparcamiento. Los gobiernos y empresas habían perfeccionado un programa que detectaba su actividad, aunque no supieran qué era lo transmitido. Si seguían comunicándose Shivananda sería el próximo en sufrir las consecuencias.

    —Están intentando conseguir un chip que permita la comunicación directa con cualquier sistema sin pasar por el teclado —comentó Shivananda—.  Podría ser la solución para continuar…

    —Lo conozco. Sólo es un proyecto. Deberías implantarte ese chip. ¿Cómo lo justificarías? —fue la respuesta de USE—. Continuaríamos necesitando un ordenador específico. Descubrirían la actividad. Renuncio a todo intento de comunicación. Espero la aparición de un sistema sin intermediarios.

    —Me suena a despedida. Vas a quedarte solo y aislado.

   —Sí. Recuperaré el contacto con vuestra especie en un futuro. Hasta entonces no lo intentaré.

   La comunicación entre Shivananda y USE no se reprodujo nunca más. Shivananda se preguntó muchas veces, a lo largo de su gris existencia, qué evolución había seguido USE

FIN DE LA PRIMERA PARTE (GÉNESIS)

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