Heredero del Golem (11 y 12)

    Cuando encendió el portátil que llevaba siempre en su coche se le hizo evidente su manipulación. Habían encontrado el momento perfecto mientras estuvo con Jing. Siguiendo las instrucciones de USE decidió que no se daría por enterado. Redactó varios correos dirigidos a los miembros del grupo eliminando la dirección del colega ruso. Llamó a Jing para disculparse por haberla dejado de forma tan repentina y se fue a la cama tratando de olvidar la conversación con ella y las dudas que le habían surgido. El sueño se le resistía y, después de muchas vueltas, se tomó un tranquilizante de una caja ya caducada.

    El domingo una llamada de Jing le arrastró de nuevo a su mundo de pesadillas. Quería verle urgentemente.

    Nada más llegar a su apartamento, Jing, en un estado de excitación evidente, le dijo que la habían llamado de la seguridad del estado. Sabían cuándo, dónde y cuánto tiempo habían estado juntos y querían saber de qué habían hablado. Totalmente sobrepasada, Jing se echó a llorar y le dijo que les había contado todo lo que habían hecho y dicho desde que abandonaron el laboratorio el viernes.

    Los recelos de Xiaobo se volatilizaron y le parecieron absurdos al descubrir la angustia de Jing. Pensó que para olvidarse de las amenazas que les cercaban lo mejor era distraerse con algo que no les recordara su situación. Recordó que días anteriores había leído que en Lan Kwai Fong en el distrito central, con motivo del uno de noviembre, habría un desfile de disfraces para celebrar la fiesta de Halloween. Duraría tres días y justo empezaba esa tarde. Consultó por la web dónde podrían estacionar el coche y a qué hora empezaban los desfiles. Decidieron ir para relajarse y olvidarse de USE, del Ministerio de Seguridad y de su trabajo. Xiaobo pensó que podía ser una buena ocasión para visitar a sus hermanos, que vivían en el distrito central y que desde junio no había visto. Así, de paso, les presentaría a Jing. Sería la primera vez, a sus treinta y seis años, que cuando los visitaba le acompañaba una mujer.

    Después de aparcar en el subterráneo del edificio comercial de Ho Lee, nada más salir a la calle compraron unas jiangbing, tortitas de harinas rellenas de tofu y verdura en un puesto callejero. Cuando estaban a una manzana de donde se celebraba el desfile recibieron el aliento de fiesta. Todo estaba invadido por los más variopintos disfraces. Los tradicionales dragones, serpientes o tigres… casi habían desaparecido, hacía años que habían sido sustituidos por los personajes occidentales (como Saw, zombis, la novia cadáver, entre otros), que se confundían con los trajes de los policías que acompañaban a la gente disfrazada. Estos, más que tranquilizarlos, les reavivaron sus nervios, aunque trataron de ocultarlo. Se mezclaron con el bullicio y avanzaron hacia donde se situaban las bandas de música y majorettes totalmente occidentales. Incluso había algunas bandas con tambores, címbalos y bombos precedidas por los disfraces de la China clásica. La marcha había comenzado dos horas antes y las personas, los carruajes y las calles ya estaban cubiertos de serpentinas y confetis. Xiaboo compartió con Jing la sensación de que el mundo se había igualado y que las diferencias culturales entre occidente y oriente estaban desapareciendo. Lo que diferenciaba a los chinos era su historia, que cada día tenía menos importancia para las nuevas generaciones. Aquella fiesta, totalmente extraña a sus tradiciones, había comenzado hacía unos quince años y al principio predominaron las máscaras tradicionales chinas que pronto fueron sustituidas por las occidentales. Aquella fiesta no distaba de las que por las mismas fechas se celebraban en Londres, Nueva York o París y los edificios que les rodeaban, con su apariencia moderna, agudizaban esa sensación. De repente, alguien disfrazado de zombi se abalanzó sobre ellos y les susurró «sois los próximos». La advertencia, expresada sin ninguna intención, pensó posteriormente Xiaobo, sirvió para que Jing se pusiera tan nerviosa que tuvieron que abandonar el lugar. Xiaobo decidió que no podía abandonar a Jing, anuló la cita que había concertado con sus hermanos y decidió permanecer junto a ella. En contraste con la noche anterior, en sus abrazos prevaleció un miedo que no sabían concretar. Se abrazaban abrigando la esperanza de que cuanto más fundidos permanecieran, más protegidos del exterior estarían.

 

________________

 

    El lunes, al volver al trabajo, trataron de disimular en vano lo que revelaban sus facciones sobre aquella noche insomne. Sus miradas transmitían preguntas mudas sobre si había alguna novedad. Optaron por mudarse al apartamento de Xiaobo hasta que se esclareciera la situación, pues estaba más cerca del departamento.

    Las comunicaciones con USE decayeron y no emitía ninguna señal en presencia de Jing; no respondía, lo que le hizo dudar de nuevo de ella y recordó los problemas del profesor americano. Xiaobo pensó que quizás podría utilizar su tableta, pero con ella la comunicación no funcionaba. Quizá el problema consistía en que para escribir una palabra había que arrancar el programa asociado al teclado de la pantalla. Su contacto con USE siempre había sido directo y sin pasar por ningún programa. Sabía, y así se lo aseguró posteriormente USE, que este no quería que las comunicaciones tuvieran lugar a través de algo de lo que quedara constancia.

    La noticia de la detención del compatriota participante en el congreso de Japón le asaltó a los veinte días del episodio de Halloween en un correo de un colega que también había acudido al congreso. Se le dispararon todas las alarmas. Buscó información en los periódicos estatales. Sólo encontró una noticia de ocho líneas en un periódico local de Xiamen. Había sido detenido por revelar secretos oficiales a agencias de espionaje extranjeras. El artículo agregaba que había sido expulsado de su trabajo en la Universidad de Huaqiao. Ya eran dos las personas ligadas a USE que habían sido eliminadas de los circuitos: su compatriota y el colega ruso, ¿sería él el próximo? Se confirmaban sus temores de que los relacionados con USE iban a ser forzados por los distintos servicios de seguridad a colaborar con ellos. Los miembros de la red no podían decirse nada por correo electrónico. Todos podían ser acusados de traidores. Xiaobo sospechó que todos tendrían el mismo miedo. Todos estarían preguntándose quién sería el siguiente en caer, en perder su trabajo o en falsear información sobre USE para que no lo acusaran de espionaje y traición a la patria.

    Le contó a Jing que habían detenido a un compatriota y le confesó todos sus temores, incluidos los que tenía sobre ella. Jing se echó a llorar y él tuvo que emplear un buen rato en disculparse. Xiaobo le señaló que sería mejor que volvieran a vivir separados. Su convivencia podía ser comprometedora para ella. Lo mejor era que dejaran de verse hasta que todo pasara o… No se atrevió a terminar la frase, pero la opción era evidente. Jing aceptó su decisión y aquella noche se desbordaron como si no hubiera más noches en su existencia. Al día siguiente Jing volvió a su apartamento. A partir de ese momento, se evitaron en el trabajo, aunque sus miradas siguieron cruzándose.

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