AUTOBIOGRAFÍA DE UNA METÁFORA, Autor: Manuel Cardeñas Aguirre

Un aliento que llega del corazón y se hace agua en tus ojos; un colibrí que se mira en tus pupilas; una soledad que se desvanece en los labios; un hambre insaciable que devora la piel…

Es verdad que podría haber dicho una lágrima, una sonrisa, un beso o una caricia, pero tenéis que perdonarme, no puedo con la seca evidencia, con ese recto y aburrido expresarse que puebla de gris nuestro decir, me hace daño ese lenguaje plano y anodino que vive en la esfera de lo común bordeando la trampa de lo vulgar,

Sé lo que pensáis, pero no, no soy una aristócrata de la expresión, no busco la oscuridad por la oscuridad o el uso fácil de la incomprensión para significarme entre unos pocos elegidos; tampoco, claro está, mi finalidad es convertirme en pose artificial, me gusta demasiado la vida; es algo más sencillo, se me queda corto el significado de las palabras, necesito algo más, un juego alegre que las convierta en mariposas a punto de volar, un abrir ventanas infinitas que se hallan repletas de paisajes por inventar…

No me culpéis si aparezco unida a la dificultad, escuchad mis razones, no tengo muy claro cuál es mi origen o cómo llegué a nacer, os diría que todo está ligado a las palabras, pero no es así porque ellas son simples soportes de mi enrevesado mirar; ¿las ideas, los pensamientos?, quizá, porque algunas veces se empeñan en no salir si no van bien vestidas y adornadas y, entonces, sabiendo de mis poderes reclaman mi presencia una y otra vez; aunque, la verdad, después de muchas divagaciones, tiendo a pensar que hay un concepto que me encierra y se ajusta a mí cual guante, lo Inefable; entendéis, pues, mi carácter.

De mi utilidad, poco puedo aportar, que otros decidan al respecto, a mí me basta con llegar hasta tus labios o sentirme en las yemas de tus dedos, pero si me preguntaran diría que hoy más que nunca me necesitáis, los discursos que oigo están manidos y son repetitivos, se mueren, no explican la realidad. De todas formas, mucho cuidado cuando me llames, porque bordeando mi existir se encuentran Oscuridad y Cursilería, procura no caer.

Un escritor escribió una vez que sería un acto distinguido el regalar metáforas, algo estético y a la vez íntimo; recojo su idea, ahí os dejo una que ha surgido tal cual:

Mañana, entre las sábanas de tus manos…

 

(Fotografía de cabecera: Autor, Chema Madoz)

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