Heredero del Golem (9 y 10)

     La pantalla destrozó sus esperanzas y le hizo volver a sus terrores postergados:

    —La Agencia de Seguridad Nacional te va a presionar. Conocen tu relación con Jing. Saben de la existencia del portátil de tu coche. Conocen tus comunicaciones conmigo. Van a instalarle un programa. Rastrearán tus comunicaciones —le dijo USE.

    —¿Qué puedo hacer? —tecleó Xiaobo al tiempo que se rascaba la cabeza.

    —No cambies tu actitud después de la manipulación. Sigue con tu trabajo.

    —¿Accedes a todas las bases de datos del ministerio?

    —Sí. No puedo revelártelas. Mi programa me impide intervenir. Lo sabes.

    —Y, entonces, ¿por qué me avisas?

    —No afecta a tu situación. No afecta a la del ministerio.

Xiaobo fue consciente de que si existían otras informaciones que pudieran cambiar su situación USE no se las daría.

    Poco después, a ese miedo se le añadió la angustia producida por un correo electrónico de un profesor de la Universidad de Singapur. Les informaba a todos de sus últimas averiguaciones sobre USE. Había comprobado que era incapaz de comprender el sentido emocional de los colores, del paisaje o cualquier cosa que para los humanos estuviera asociada a la belleza. El profesor relataba que había estado de vacaciones en Nueva Zelanda y allí había fotografiado y elaborado un vídeo de lo denominado, en aquellas latitudes, aurora roja: una aurora boreal en la que los colores naranja, rojo y amarillo se alternaban de forma espectacular. El vídeo duraba unos veinte minutos. Debía haber sido rodado durante al menos ocho horas desde unos acantilados en la zona sur de Nueva Zelanda. Empezaba con el anochecer y acaba con el amanecer. Al principio, se observaban unos barcos deslizándose por el horizonte y titilando sobre él unos tonos verdes y rojos desvaídos. A medida que el cielo se oscurecía, se intensificaban los colores y, al mismo tiempo, comenzaba a observarse el brillo de las estrellas, estrellas que debido a la velocidad de la cinta se mostraban más como una estela que como una luz centelleante. Les remitió las imágenes a todos los integrantes del grupo junto con los comentarios de USE, en los que describía perfectamente los colores y su sucesión. Para él eran sólo el resultado del choque de partículas solares cargadas y guiadas por el campo magnético de la Tierra con los átomos y moléculas de oxígeno y nitrógeno de la atmósfera en las proximidades de los polos. Era una respuesta sacada de la información extraída de las bases de datos, el producto de unos fríos informes científicos introducidos por el hombre. A todos se les hizo evidente que USE sólo podía concebir los colores como información. Aparte del valor científico (longitud de onda, frecuencia, dirección…) para él no poseían ningún valor emocional.

    Xiaobo decidió contarles a los miembros del grupo los comentarios de USE sobre su relación con Jing, aunque omitió el nombre de ella. Les describió lo que USE pensaba sobre los sentimientos. Eran el producto de la recopilación de todos los datos que tenía a su disposición en todos los ordenadores, todo tópicos. Todos confirmaron de nuevo que USE era intelectualmente muy superior al más cualificado de ellos. Estaba preparado para conseguir mejores conclusiones, su razonamiento era más perfecto y poseía una información más completa. Sin embargo, no entraba en valores morales, éticos o estéticos. Todos se preguntaban si habría una evolución, si sería capaz de comprender algún día los sentimientos, si perfeccionaría su lenguaje o si sería siempre así, frío y distante. Lo que distinguía a USE del hombre era esa falta de emociones y sentimientos, y eso les indujo a algunos a concluir que, según el test de Turing elaborado en 1950, USE no gozaba de una inteligencia equiparable a la humana. El test proponía que si el interrogador, al terminarlo, no podía decir si el que lo había realizado era humano o no, entonces se podía considerar que el ordenador poseía una inteligencia igual a la de un humano.

    Para una mayoría era evidente que USE carecía de empatía. Aquello produjo una discusión sobre el hecho de que algunos humanos, como los psicópatas, tampoco tenían empatía, pero se les consideraba humanos. A esto, otros respondieron que USE podía responder a la prueba inversa de Turing o test CAPTCHA. Los primeros pusieron en duda que la prueba fuera válida, puesto que era una máquina la que la había elaborado y era ella, precisamente, la que tenía la solución. A alguien se le ocurrió que quizás los límites de USE venían de la época en la que había empezado el interés por la inteligencia artificial. De aquellas fechas eran los primeros relatos de Asimov. ¿Quién había introducido en el sistema las leyes de la robótica? ¿Procedían de la visión profética de alguien de esa época o eran posteriores? En ninguna publicación científica había referencias, referencias que de haber existido ya las conocería USE. La única conclusión compartida por todos era que el origen de USE seguía siendo confuso. Claramente conocían que USE utilizaba toda la potencia de todos los sistemas de información y a ella debía su consciencia. USE sabía en todo instante a quién respondía y si hubiera querido habría cambiado la respuesta para hacerles creer que experimentaba emociones. Había basado su relación con ellos en la sinceridad de sus contestaciones a todas las cuestiones que le plantearan. Xiaobo comentó que el comportamiento de USE le había evocado los versos del Tao:

    No se luce y por eso resplandece.
…………………………..

    Recordaron al ordenador HAL de la película 2001: Una odisea del espacio de Kubrick basada en un guion de Arthur C. Clark. HAL en comparación con USE era prehistórico. USE iba un paso más allá: conocía lo que se enviaban. Un miembro del grupo propuso que se sometiera a USE al test de Lovelace, pues lo creía más adecuado para lo conocido hasta ese momento sobre el funcionamiento de la inteligencia artificial. Ese test consideraba que una máquina era inteligente si era capaz de originar una idea, un poema o una canción sin estar programada previamente para eso. Todos pensaron que, de momento, no era necesario. Ya con el test de Turing USE se había mostrado como no humano.

    A consecuencia de los múltiples correos intercambiados de forma inconsciente percibieron que no era sólo USE quien sabía lo que se comunicaban. También eran observados por los servicios secretos de todos los países en los que se encontraban. Para ellos no existía un lugar seguro. Nadie comentó nada, pero todos adivinaron los pensamientos de los demás y, siguiendo el razonamiento, alguien preguntó si se sabía algo del profesor Pushkin, un ruso que formaba parte de la red y del que no habían tenido noticias desde tiempo atrás. El último que había tenido contacto con él pertenecía a la Universidad de Ostrava de la República Checa. Lo había visto en San Petersburgo hacía dos meses, justo después del accidente de Smolensk que había costado la vida al presidente de Polonia y que había supuesto un duro ataque del gobierno polaco al presidente ruso Dimitri Mendvedev y al primer ministro Vladimir Putin, a los que acusaban de estar implicados en el accidente. Pushkin se había mostrado bastante evasivo y le dijo a su compañero de la Universidad de Ostrava que no deseaba saber más sobre USE. Cuando trataron de comunicarse con su colega ruso el silencio fue la única respuesta. No hicieron comentarios entre sí. Todos, sin excepción, pensaron que el Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa (FSB) estaba detrás de ese vacío. Los correos se interrumpieron sin mediar ninguna consigna.

    Xiaobo recibió, sin embargo, aquel mismo día un extraño correo del profesor Moore. Le preguntaba si había tenido problemas en su relación con USE, pues él, desde hacía tres semanas, no conseguía que le respondiera. A sus intentos le contestaba la inmutabilidad de la pantalla. Xiaobo no supo darle una interpretación. Él no había tenido ningún problema, le comentó que quizás USE había detectado que el ordenador que usaba estaba intervenido.

    Xiaobo llamó a la Agencia de Seguridad para que su destino fuera diferente al del profesor ruso. Quien respondió al otro lado del teléfono no fue el agente de siempre, sino, según le dijo su interlocutor, su jefe inmediato. A partir de aquel día, le dijo, él sería su contacto y le conminó de forma perentoria, al tiempo que le anunciaba que estaba en el punto de mira del servicio, a que confesara su colaboración con los agentes extranjeros en el ciberataque. Sabían que había utilizado su portátil para comunicarse con USE y así evitar que ellos conocieran sus conversaciones y comunicaciones con el grupo.

    —Su actitud le delata como traidor a la patria —declaró aquel hombre.

    A Xiaobo le tembló la voz y mientras hablaba comenzó a rascarse la cabeza con su mano izquierda. Le informó entre sus típicos «ehhh…» de todo lo que habían hablado en el grupo, desde el consenso que existía sobre el gran potencial de USE hasta de sus limitaciones respecto al hombre. Tratando de no darle importancia le dijo que suponía que era imposible dominarlo debido a la forma en la que conseguía su poder.

    —Creemos que lo que ustedes llaman USE es un sofisticado software elaborado por algún servicio de seguridad. Estamos seguros de que sí, que podremos luchar contra ellos y utilizar ese programa en nuestro provecho. Es su obligación seguir informándonos de todo, salvo que pretenda ver comprometido su futuro… Lo mejor sería que se viera con uno de nuestros agentes en una de las teterías del centro de Hong Kong.

    Xiaobo sabía qué significaban esas citas con los agentes de seguridad y empezó a pensar que eran sus últimos días de libertad.

 


    La conversación le dejó dos cosas claras a Xiaobo: que el ministerio sospechaba de él y que USE conocía su expediente. USE dominaba todos los rincones de los sistemas informáticos. No tenía barreras. Aturdido, salió de su despacho. Al observar el sitio vacío de Jing cayó en la cuenta de que ya era viernes y que había quedado con ella. No sabía en qué acabaría aquella relación que cada día se volvía más imprescindible y pensó que si iba a más tendría que conocer a los padres de Jing. Llamó al restaurante de estilo occidental The Peak Lookout. Estaba bastante distante del laboratorio, en el centro de la isla, pero poseía las mejores vistas sobre el mar de Hong Kong. Pensó que, después, cuando acompañará a Jing, le sugeriría que le invitara a tomar una copa en su casa.

    La idea de acabar en casa de Jing funcionó, ella estaba predispuesta. Todo resultó más sencillo de lo esperado. En el apartamento de Jing y mientras bebían soju, un licor de arroz de origen coreano, hablaron sobre sus investigaciones y cómo se veían ellos a sí mismos al cabo de diez años. La conversación se fue extinguiendo lentamente y tras contemplarse unos segundos sin saber qué decirse, se fundieron en un profundo beso fruto de un deseo largamente reprimido, seguido de una apresurada eliminación de ropas, jadeos y mordiscos. En el suelo sus caderas se embistieron y adquirieron el ritmo de las mareas, que ascendió hasta desbordarse en unos profundos gritos susurrados. La noche se prolongó a través de unas horas insomnes muy tiernas y placenteras.

    El sol ya había pasado su cénit cuando se despertaron el sábado. Volvieron a reanudar los besos y abrazos hasta que el estómago de Xiaobo emitió una queja y Jing se echó a reír.

    —Creo que… ehh… mi estómago reclama mi atención —dijo Xiaobo al tiempo que se rascaba la tripa.

    Almorzaron con lo único que había en el apartamento: leche, té y pastas. Jing le preguntó antes de terminar el té y al tiempo que se acariciaba la punta de la nariz con un gesto coqueto:

    —¿Qué significa para ti USE?

    —Ehhh… ¿Por qué preguntas ahora por él? —dijo asustado Xiaobo mientras se frotaba la cabeza. Con esa pregunta había resucitado a sus pesadillas.

    —Durante la semana en la que estabas en el congreso estuvieron en el departamento unos individuos que dijeron que pertenecían a la Seguridad Estatal acompañados por el director. Preguntaron a todos por esas siglas y sobre si conocíamos qué significaban

    —Jing se acariciaba la nariz con el dorso de la mano mientras hablaba—. También nos exigieron, tajantemente, que les llamáramos a este teléfono —le extendió un papel con un número— si averiguábamos algo —Xiaobo comprobó que no coincidía con el que él tenía—. Estuvieron mucho rato en tu despacho. ¿Qué ocurre?
Xiaobo le explicó a Jing el significado de las siglas USE, cosa que ella ya conocía, además de sus conversaciones. Le comentó lo que, según los miembros de la red, representaba su aparición para la humanidad. Terminó pidiéndole disculpas por no habérselo contado antes mientras le decía entre grandes «ehhh…» intercalados en sus frases, que lamentaba que se viera envuelta en aquella historia.

    —No te preocupes, a pesar de todos los riesgos nos seguiremos viendo. Saben de mis citas contigo porque después de ellas siempre me han llamado para que les revelara de qué habíamos hablado. Me han instado, amenazándome con represalias, a que te sonsacara cualquier cosa y les contara todo lo que tú me dijeras. La verdad es que, de momento, no he tenido nada que decirles.

    En la cabeza de Xiaobo se infiltraron las sombras sobre su relación con Jing. ¿Se había acercado a él para obtener información? ¡No! Antes de empezar el problema había sentido cómo le miraba, aunque la verdad es que ella coqueteaba con todos los miembros del departamento. ¿Hasta qué punto era sincera en lo que le estaba diciendo? No lo sabía, pero tenía claro que la situación no tenía nada que ver con ella. Lo único que podía hacer era seguir y ver qué ocurría. Quizá sus coqueteos eran una forma de conseguir que los demás la tuvieran en cuenta. Contándole todo sobre USE no revelaba nada que ellos ya no supieran y que pudiera modificar lo que le esperaba. Además, así podría adivinar cuáles eran las auténticas razones por las que Jing se había fijado en él.

    —Ehh… USE cree que no pueden actuar contra él y me ha dicho que les cuente todo, así que… ehh… no te preocupes e infórmales sobre todo lo que yo te diga. Ehh… eso hará que dejen de molestarte… y, al mismo tiempo, sabrán que no les oculto nada.

    —Debo decirte una cosa más —Jing se acarició la nariz de nuevo—. Mi padre es miembro y secretario del Partido de la Comuna de Xiang. Me han amenazado con tomar represalias contra él y mi familia, y también le han llamado a él con esas mismas amenazas, exigiéndole que me obligue a colaborar con ellos.

    Las dudas de Xiaobo se intensificaron. No sólo era el cargo de su padre. Había observado que Jing se tocaba la nariz cada vez que trataba de disimular y a lo largo de la conversación había repetido ese gesto cuatro veces. Le preguntó tartamudeando, temiendo tanto la contestación como los gestos de Jing, si su relación con él era sólo para transmitir información al servicio de seguridad. Jing lo negó entre lágrimas, pero las nubes se espesaron. Eran las primeras que surgían desde que se conocían.

    —Tengo que irme —dijo Xiaobo, intentando disimular sus dudas y rascándose instintivamente la cabeza—. Ehhh… he recordado que tengo que mandar el manuscrito de un trabajo y… ehh… los datos los tengo en mi apartamento.

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