REFLEXIONES SOBRE LOS SENDEROS DEL MAR de María Belmonte, por Tomás Puche

Los Senderos del Mar de María Belmonte

Editorial Acantilado

 

La lectura del libro Los Senderos del Mar de María Belmonte me ha dejado contento.

Está planteada como un viaje sentimental a los paisajes de su adolescencia. Por supuesto lo es, pero es mucho más.

Es un libro de viajes, pero esta corta sentencia, no solamente no aclara nada, incluso confunde. Según la clasificación actual de los libros entre ficción y no ficción uno responde inmediatamente que es no ficción, pero ¿es así? Hablar de la física Newtoniana es claramente no ficción, pero ¿qué es hablar del entusiasmo y de la pasión que empujó a Isaac Newton? La pasión, el entusiasmo, o quizás la avaricia, o la vanidad, o cualquier otro sentimiento de Newton debieron ser decisivos en su descubrimiento, además de, por supuesto, sus conocimientos, inteligencia, tesón y, me atrevo a decir, curiosidad, que es, para mí, el mayor de eso que, en el mundo del comic, llaman “Superpoderes”. Y este libro tiene mucho de eso, pasión y entusiasmo

La lectura del libro es una fuente de deleite e inspiración. Es un viaje a pie y el ritmo de esa caminata, la ausencia de barreras, la participación de todos los sentidos es una experiencia total, una explosión de las sensaciones, percepciones que se amalgaman con los recuerdos, las lecturas, conversaciones con personajes vivos o históricos.

El libro va de un recorrido en varias etapas por los caminos costeros del País Vasco, desde Bayona hasta Kobarón. Por supuesto, describe los paisajes y los accidentes más notables para la autora y los más famosos, incidencias del propio viaje, compañeros de viaje y diversos encuentros y visitas que realiza, con una fuerte carga de pasión, sentimiento, curiosidad, admiración, sin caer en la sensiblería y quedando lejos de ser empalagoso.

Pero, además, el libro atesora muchas aventuras y personajes, aventuras que van de la vida de un grano de arena de playa durante millones de años, un día en la vida de una lapa, una ola que recorre miles de kilómetros, de caza de ballenas, de piratas,

Personajes como cuidadores de bosques, emperadoras, caminantes y peregrinos, poetas, escritores, filósofos. Notable es la inclusión de algunas historias de descubrimientos científicos, una corta semblanza de los protagonistas, de su entusiasmo por el conocimiento.

También en su hincapié en la zona inter-mareal del mar. Salvo un par de veranos cuando era niño y una parte del servicio militar en Gran Canaria, mi contacto con el mar ha sido en el Mediterráneo, en él, el efecto de las mareas es mínimo, aunque puedo recordar cuando esa zona estaba llena de tomates de mar, un tipo de anémona, que se podían ver en los recovecos de las rocas cuando la marea era baja, ahora, desgraciadamente, es raro encontrarlos.

Me ha hecho recordar una tarde en París, hace bastantes años, con un colega profesional, recuerdo vagamente sus facciones aunque no su nombre, me llevó a un excéntrico paseo por galerías y pasadizos del centro de París. Durante la cena me habló, era de La Bretaña, de su afición a pasear y pescar en esa zona del mar, accesible con la marea baja. En ese momento me llamó la atención, pero no le vi el auténtico atractivo que esta lectura me ha aportado.

La narración discurre por diferentes escalas de tiempo y espacio, algunas aventuras duran miles de millones de años, otras apenas un minuto; algunas cubren millones de años luz, otras apenas un par de centímetros.

Tiene ese punto contracultural que da la descripción de actividades, situaciones y contactos personales que admiro, valoro y deseo, que no dependen del dinero ni el “éxito” social sino del esfuerzo, la constancia y, quizás, del amor y la sinceridad

Este libro me reconcilia con la alegría de la vida, difumina esa frontera entre vida interior y vida exterior, me ayuda a mirarme un poco menos el ombligo y más a mi alrededor, tan lleno de cosas que pueden maravillarme si me esfuerzo, y reconozco que me cuesta, en focalizar mi atención al ritmo y escala de lo que miro y no al ritmo y escala de mi vida.

 

Tomás Puche

Madrid

Febrero 2018

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