SVANKMAJER O LA ENSOÑACIÓN CINEMATOGRÁFICA, Autora: Nuria Pradilla

¿Cómo son los sueños? ¿Qué formato tienen? A veces me asalta la duda de si nuestros sueños están adoptando un formato demasiado influido por el lenguaje cinematográfico.  Son tantos los estímulos audiovisuales que vamos acumulando  que cómo saber si esta influencia ha llegado a calar en nuestra mente.  Las historias que yo sueño (si es que se pueden denominar así), tienen planos generales, planos medios, primeros planos, planos detalle y hasta movimientos de travelling y de panorámica. Los acontecimientos se suceden sin orden ni concierto, los espacios, a menudo, no están bien definidos, pero imágenes y sonidos, me parecen siempre estructurados al modo cinematográfico.

Aunque, sin duda, esto no es más que una percepción equivocada, y, más bien, lo que sucede es que el cine, con su lenguaje,  ha sido capaz de recrear las diferentes imágenes de nuestro inconsciente y su particular forma de ir y venir, es el cine el que copia este otro tipo de código aleatorio en el que no hay reglas establecidas y todo puede suceder.  El lenguaje audiovisual es el que mejor se adapta a la representación del mundo de los sueños, de ahí que el surrealismo encontrara en el cine una de sus herramientas de expresión fundamentales, capaz de representar el automatismo de los procesos mentales.

Y si hay un cineasta contemporáneo con una potente raigambre surrealista, que, además, está presente a la largo de toda su amplia trayectoria, este es el checo Svankmajer. Para Jan Svankmajer (Praga, 1934) el surrealismo no solo no ha muerto, sino que es  “una mirada mágica hacia la vida y el mundo”. Y desde esta premisa es como podemos adentrarnos en la obra de este maestro de la animación tradicional que utiliza la técnica del stop motion mezclando la animación de objetos con la intervención de los actores. Sus obras son absolutamente singulares y, a lo largo de los años, su estilo se ha ido impregnando de diferentes influencias teatrales, pictóricas o literarias (Teatro negro de Praga,  Arcimboldo, Goethe, Poe, Kafka, Carroll…).

Para encontrar algunas claves de la manera de entender el arte que tiene Svankmajer podemos recurrir a su decálogo. Allí enumera una serie de principios que explican su particular  relación con la creación artística.

Uno de ellos se refiere a los sueños:

“Confunde constantemente el sueño con la realidad y viceversa. No hay transiciones lógicas. Entre el sueño y la realidad hay solamente un brevísimo gesto físico: levantar y cerrar los párpados. En la ensoñación diurna, incluso, este gesto sobra”.

Y este es un aspecto que podemos ver claramente en cualquiera de sus películas  donde construye un universo propio,  en el que lo real y lo imaginario interactúan con absoluta normalidad, como si de un único mundo se tratara.

Otro de los puntos de este decálogo  que resulta muy revelador respecto al estilo de Svankmajer es el referido a la importancia que le atribuye al sentido del tacto,  al que prioriza sobre el de la vista por considerarlo mucho más esencial y menos contaminado (sobre este tema versa su libro Touching and Imagining: An Introduction to Tactile Art).

“Se debe decidir qué cosa es más importante, si la experiencia del ojo o la del cuerpo, da siempre preferencia a la del cuerpo, porque el tacto es el sentido más antiguo respecto de la vista y la experiencia que se recibe a través de él, es de mayor importancia. A parte de eso, en nuestra actual civilización audiovisual, el ojo o está cansado o ha sido corrompido. La experiencia del cuerpo es más auténtica y todavía no ha tenido que soportar el peso de la estetización. El punto de fuga que no debemos perder de vista es, obviamente, la sinestesia”.

Su última creación es la película “Insectos” que ha sido estrenada el pasado  enero en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam. Esta película está inspirada en “La Metamorfosis” de Kafka y  en una obra de teatro de principios del siglo XX escrita por los hermanos Capek, “Pictures from the Insects’ Life”, donde los insectos se comportan como humanos y los humanos como insectos. La película ha sido realizada gracias a una campaña de crowfunding y retoma un antiguo proyecto escrito en los años setenta y que no pudo ver la luz a causa de la censura.

“La imaginación es subversiva, porque opone lo posible a lo real. Por este motivo, sírvete siempre de tu imaginación más desenfrenada. La imaginación es el don más significativo de cuantos haya recibido la humanidad. No fue el trabajo, sino la imaginación lo que ha humanizado al hombre. Imaginación, imaginación, y más imaginación”, nos advierte Svankmajer en otro de los apartados de su decálogo.

Decálogo de Jan Savkmajer

1) Nunca olvides que poesía sólo hay una. La especialización es lo contrario de la poesía. Antes de ponerte a rodar una película, escribe una poesía, pinta un cuadro, haz un collage, escribe una novela o un ensayo, etc. Solamente si cultivas la universalidad de expresión tendrás la garantía de rodar una buena película.

2) Entrégate sin reserva a tus obsesiones. No tienes nada que tenga más valor. Las obsesiones son reliquias de la infancia. Y precisamente de los abismos de la infancia provienen los más grandes tesoros. En esa dirección, siempre se debe mantener la puerta abierta. No importan los recuerdos, importan los sentimientos. No importa la conciencia, importa el inconsciente. Deja que ese río subterráneo fluya por tu interior. Concéntrate en él, pero al mismo tiempo, relájate al máximo. Al rodar una película, tienes que estar “sumergido” en ella las 24 horas del día. Entonces, todas tus obsesiones y tu infancia entera se trasladarán al film, antes de que llegues a darte cuenta de ellos conscientemente. Tu película será un triunfo del infantilismo. Y de eso se trata.

3) Sírvete de la animación como de una operación mágica. Animación no quiere decir mover cosas inanimadas, sino dotadas de vida. Mejor dicho, su despertar a la vida. Antes de animar un objeto en la película, intenta comprenderlo. En modo alguno comprender su función utilitaria, sino su vida intima. Los objetos, sobre todo los objetos vetustos, fueron testigos de diversos sucesos y destinos que dejaron en ellos su impronta. En diferentes circunstancias fueron tocados por hombres dominados por diversas emociones que dejaron imprimidos en ellos sus estados psíquicos. Si aspiras a visualizar estos contenidos ocultos mediante la cámara, debes escucharlos con atención. En algunos casos, durante largos años. Primero debes ser un coleccionista, luego cineasta. El don de la vida mediante la animación debe transcurrir de forma natural. Debe partir de los objetos, no de tus propios deseos. Nunca ejerzas violencia sobre los objetos. No narres tus propias historias a través de los objetos, sino sus propias historias.

4) Confunde constantemente el sueño con la realidad y viceversa. No hay transiciones lógicas. Entre el sueño y la realidad hay solamente un brevísimo gesto físico: levantar y cerrar los párpados. En la ensoñación diurna, incluso este gesto sobra.

5) Se debe decidir qué cosa es más importante, si la experiencia del ojo o la del cuerpo, da siempre preferencia a la del cuerpo, porque el tacto es el sentido más antiguo respecto de la vista y la experiencia que se recibe a través de él, es de mayor importancia. A parte de eso, en nuestra actual civilización audiovisual, el ojo o está cansado o ha sido corrompido. La experiencia del cuerpo es más auténtica y todavía no ha tenido que soportar el peso de la estetización. El punto de fuga que no debemos perder de vista es, obviamente, la sinestesia.

6) Cuanto más profundices el argumento fantástico, tanto más realista deberás ser en los detalles. Aquí te conviene apoyarte plenamente en la experiencia del sueño. No tengas miedo a caer en las “descripciones aburridas”, las obsesiones pedantescas, los “detalles insignificantes”, lo documental, si es que quieres convencer al espectador de que todo cuanto está viendo en la película le concierne íntimamente y no es cosa ajena a su mundo, sino algo en lo que está “metido hasta las orejas” sin estar consciente de ello. Debes convencerte de ellos. Valiéndose de cuantos trucos tengas en tu posesión.

7) La imaginación es subversiva, porque opone lo posible a lo real. Por este motivo, sírvete siempre de tu imaginación más desenfrenada. La imaginación es el don más significativo de cuantos haya recibido la humanidad. No fue el trabajo, sino la imaginación lo que ha humanizado al hombre. Imaginación, imaginación, y más imaginación.

8) Escoge siempre temas con los que tengas una relación ambivalente. La ambivalencia siempre debe ser suficientemente fuerte (profunda) e irreversible, para que puedas avanzar sobre su filo sin caer de uno u otro lado o, al contrario, puedas caer al mismo tiempo de ambos lados. Sólo así conseguirás evitar el error más grave, que es un film de tesis.

9) Ejercita tu trabajo creador como un recurso de autoterapia. Esa actitud antiestética acercará tus obras a las puertas de la libertad. Si la creación tiene algún sentido, no puede ser otro que el de liberarnos. Ninguna película (lo mismo rige para un cuadro o una poesía) puede liberar al espectador sin aportar ese mismo alivio al propio autor. Todo lo demás es asunto de “la subjetividad general”. La creación artística como liberación permanente.

10) Prioriza siempre la creación, la continuidad del modelo interior o del automatismo psíquico frente a cualquier ocurrencia. La ocurrencia -incluso la mejor posible- nunca puede ser motivo suficiente para que te sientes tras la cámara. La creación no es tambalearse de una ocurrencia a otra. La ocurrencia tiene su lugar en el trabajo creador únicamente en el instante, en que hayas asimilado perfectamente el tema que deseas expresar. Solamente a partir de ese momento puede tener buenas ocurrencias. La ocurrencia es parte del proceso creador, no un impulso para el mismo.

Nunca trabajes, improvisa siempre. El guión es relevante para el productor, no para ti. Es un documento facultativo, al que recurrirás solamente cuando te falle la inspiración. De sucederte más de tres veces en el curso del rodaje, es una señal: o bien estás trabajando en una película “mala”, o bien has terminado.

El haber formulado este Decálogo no significa que me rija por él conscientemente. Son reglas que de cierta forma emanaron de mi trabajo y en modo alguno le preceden.

Además, todos los mandamientos ahí están para ser transgredidos y trascendidos (que no obviados). Mas también existe otra regla más, y transgredirla (u obviarla) es aniquilador para cualquier artista: nunca pongas tu trabajo al servicio de otra cosa que de la libertad.

(1999)

* Para conocer más a cerca de Jan Svankmajer es interesante leer el libro “Para ver, cierra los ojos” de la editorial Pepitas de calabaza, donde se recogen aspectos de la vida del autor así como las claves de su proceso de creación, todo ello acompañado de gran cantidad de imágenes. Estos textos han sido recopilados a través de una entrevista realizada por Peter Hames.

2 Comentarios

    1. A mí también me parece que en su trabajo hay más método del que quiere reconocer. Por eso al final dice más o menos que se lo salta cuando le conviene… En mi opinión el decálogo es para él más bien una reflexión sobre la forma en la que trabaja, y tambíen una especie de declaración de intenciones que el mismo se verá, supongo, obligado a incumplir en más de una ocasión.
      En todo caso me alegra que te haya gustado conocer su obra y muchas gracias por el comentario!!

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