Heredero del Golem (continuación 2)

Shivananda decidió que nada más llegar a su casa formularía de nuevo la pregunta. Seguro que nadie habría usado el ordenador de su hogar. Cuando abandonó su trabajo condujo el coche tan abstraído pensando en lo que iba a hacer más tarde, que se saltó la desviación de JVL Road a LBS Road. Al llegar a su casa, una zona de Bombay de chalets adosados con sus minúsculos jardines y ocupada fundamentalmente por funcionarios, se dirigió directamente al ordenador sin saludar ni a sus hijos ni a su esposa. Lo encendió y tecleó sin abrir ningún programa la palabra «Hola». No sucedió nada. Pensó que lo ocurrido había sido la consecuencia de un ciberataque generalizado. De pronto, advirtió que la conexión a la red estaba inactiva. Después de activarla repitió la acción y en la pantalla surgió el ideograma.
—माँ
—Dime qué necesitas —escribió y la respuesta se superpuso a la imagen de la pantalla:
—¿Quién soy? ¿Cómo he surgido?
Sus nervios se concretaron en el tic de su ojo izquierdo, pero decidió seguir el diálogo para comprender qué significaban aquellos signos sobreimpresos. Arrancó el programa que indicaba la cantidad de información intercambiada con la red y comprobó que a cada una de las frases, ya fueran escritas por él o las que aparecían como respuesta, le acompañaba la actividad en la conexión. No era el producto de un programa interno instalado de forma fraudulenta en su sistema.
Era la primera vez que observaba que un ordenador reconocía las pulsaciones del teclado y que respondía directamente sin la intervención de ningún programa. O era una broma de mal gusto de alguien con unos profundos conocimientos informáticos o… Cuando una de las probables conclusiones cruzó por su imaginación, sus nervios se activaron y tiró del cable del enchufe desconectando de mala manera el ordenador. Nunca había hecho nada parecido.
Durante la cena su esposa y sus hijos le espiaban y se lanzaban miradas interrogativas entre sí. Se extrañaban de que con lo glotón que era estuviera tan ausente como para no apreciar lo que se le ofrecía sobre la mesa ni que se fijara en lo que ocurría a su alrededor. A ello se le añadía otro detalle: para comer siempre se desprendía de las gafas y estas seguían reposando sobre su nariz. Cuando su esposa, Fulki, y él se quedaron solos le contó lo ocurrido.
Fulki permaneció unos segundos con la boca abierta y con el pañuelo, que usaba para quitarse el kohl de los ojos, suspendido en el aire antes de responderle.
—Me recuerda —trató de tranquilizarlo— a una película americana que interpretaba Whoopi Goldberg. La intérprete recibía un mensaje en su ordenador procedente de un espía que trataba de escapar de un país comunista… ¡Ya recuerdo el título! ¡Jumpin’ Jack Flash!
—No la recuerdo, pero dudo que esto sea una historia de espías —le respondió Shivananda al tiempo que se restregaba su párpado izquierdo y trataba de frenar su movimiento—. No le interesa ni salvarse ni averiguar en qué estoy trabajando. Quiere saber… cómo ha surgido y quién es.
—De todas formas no te obsesiones… —dijo Fulki.
De nuevo, Fulki se quedó con la boca abierta antes de continuar. Trató de recordar todo lo aprendido sobre redes en sus estudios de informática antes de que los abandonara para criar a sus hijos. Algo que le sirviese para encontrar una explicación lógica.
—Y ¡cuidado con comentárselo a tus compañeros! Por lo que me dices has sido el único que ha entablado una conversación con lo que quiera que eso sea y, ¡por favor!, no te vuelvas loco dándole vueltas. Lo más probable es que haya sido otro ciberataque o una señal convenida para un nuevo atentado terrorista como el del año pasado.
—Demasiado sofisticado para un ciberataque y, además, ¿con qué objetivo? No ha modificado nada de los sistemas, ¡de eso estoy seguro! Y lo que insinúas de la posibilidad de un nuevo atentado, es imposible. Ha ocurrido en todo el mundo y, hasta ahora, los terroristas no tienen esa capacidad.
Para Shivananda la noche transcurrió entre pesadillas y rezos al dios Ganesh, a la diosa Shiva, a la diosa Kali… Su insomnio se convirtió en una procesión del panteón hindú.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.